Pasada la euforia por el éxito numérico del padrón electoral, y ante lo aplastantes que lucen las cifras de las encuestas que le dan una victoria abrumadora al MAS, a los partidos de la oposición no se les ocurrió mejor cosa que expresar sus dudas sobre el nuevo registro en lo que parece ser una disculpa anticipada de su fracaso en diciembre.
Lo que olvidan es que ellos tuvieron tanto el tiempo como el momento para designar a sus observadores en el proceso que ahora cuestionan.
El 19 de julio pasado, en este espacio editorial al referirnos a la manera como comenzaba a encararse el proceso electoral, decíamos que la oposición: “…tiene sólo dos caminos. O se pone a la altura de las circunstancias y aprovecha el poco tiempo que le queda para hacer algo serio, (…) o comienza a buscar pretextos para justificar su fracaso. Es de esperar que opte por lo primero”.
Desgraciadamente, cuatro meses después, debemos lamentar que haya sido el segundo el camino elegido. No otra cosa significa el súbito entusiasmo con que algunos portavoces de la oposición han comenzado a desparramar dudas sobre la calidad y transparencia del padrón biométrico. Después de haberlo alabado desmedidamente, ahora vuelven a dirigir su atención al empedrado para echarle la culpa por sus tropiezos y caídas.
Y no es que falten motivos para poner en duda las cualidades milagrosas que hasta poco se atribuían al famoso padrón biométrico. Por el contrario, ellos abundan. Pero no recién ahora, pues todo lo que los flamantes detractores del padrón biométrico dicen hoy es exactamente lo mismo que podía y debía haber sido dicho con la debida oportunidad.
Haber creído que como por arte de birlibirloque el padrón biométrico resolvería las múltiples deficiencias que más que al antiguo padrón eran y siguen siendo atribuibles a lo corrompido que está el registro civil de nuestro país, fue siempre, y no ahora, un grave error.
Tan erróneo como eso fue sobrestimar las cualidades de los artilugios tecnológicos. “No debe perderse de vista que por modernos y eficientes que sean los recursos técnicos empleados para empadronar a la ciudadanía, seguirá siendo siempre el factor humano el principal. Las máquinas y los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores”, decíamos en este espacio el 19 de junio pasado.
Insistimos, por eso, en muy numerosas oportunidades, en que “la transparencia y confiabilidad del próximo proceso electoral sigue dependiendo, como antes, de la capacidad que tengan las organizaciones políticas de la oposición de supervisar todo el proceso. “Mientras los partidos políticos no sean capaces de ejercer su derecho y cumplir su obligación de hacerse presentes con sus representantes en todo el territorio nacional para supervisar desde el registro hasta la emisión y cómputo de los votos, de nada habrá valido todo el esfuerzo que se está haciendo para construir un costoso padrón biométrico”, dijimos.
Hasta ahora, ninguno de los frentes opositores ha cumplido con ese deber fundamental. Ninguno ha designado representantes oficiales y capacitados para supervisar el proceso por lo que ahora, cuando se ven los resultados de su desidia, carecen de la autoridad moral necesaria para hacer reclamo alguno.
Por eso, como ya lo dijimos el 1 de octubre, muy a pesar de que el padrón biométrico no estará libre de gravísimas imperfecciones, “las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
Ceder o morir
Ya no se puede cerrar más los ojos a la realidad. Todas las encuestas apuntan a un triunfo contundente del gubernamental Movimiento Al Socialismo (MAS) en las elecciones de diciembre y, ante los escasos días que faltan para la fecha prevista, es poco probable que el escenario cambie a menos que ocurra un hecho realmente extraordinario.
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. Ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad, tanto que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. Ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad, tanto que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Gentilicios y regionalismo
Una vez más, el deporte le ha dado motivos de satisfacción a esta tierra que, sin embargo, todavía debe tolerar que sus hijos hagan diferencias a la hora de llamarse potosinos.
Tras una deslucida celebración del 10 de Noviembre en la que no recibimos ni siquiera un regalo digno, dos proezas deportivas nos devuelven la sonrisa pero, al mismo tiempo, nos invitan a pisar tierra.
Por una parte está la clasificación de Real Potosí a la semifinal del torneo Play Off. Es cierto que el equipo lila ya nos tiene acostumbrados a llegar a instancias finales en los campeonatos nacionales de fútbol pero el partido de ayer era diferente porque, de ganar en los 90 minutos —como efectivamente sucedió—, iba a enfrentarse a su ex arquero, Hugo Suárez, un “ataja-penales” temible también por sus tiros libres. Se superó ese escollo y hay razones para celebrar.
Lo de Oscar Soliz es histórico. Desde 1977, nuestro país no había visto el brillo del oro en la disciplina del ciclismo. El último —y hasta ayer el único— en conseguir semejante lauro fue el siempre recordado Edgar Cueto quien, como Soliz, tenía la ventaja de competir de local. Se trata, por tanto, del segundo oro para Bolivia en el ciclismo bolivariano pero, en lo que a nuestra región respecta, es el primer oro para Potosí.
Por elementales normas de redacción periodística, una persona tiene que ser identificada por su nacionalidad en una nota en la que aparecen personas de diferentes países. Así, en el caso de Soliz, este aparece como boliviano, que es lo que corresponde. Bajando un peldaño en la interpretación geográfica periodística, una persona es identificada con el gentilicio que corresponde a su Departamento, distrito o provincia cuando se la menciona en una nota nacional que incluye a otras que nacieron en diferentes lugares. Así, cuando hablamos de un campeonato nacional identificamos a cruceños, chuquisaqueños, paceños, potosinos, etc.
Oscar Soliz nació en Villazón, capital de la provincia Modesto Omiste del Departamento de Potosí. Para uso nacional, él debe ser identificado como potosino y su origen villazonense es parte del entorno de la nota. Sin embargo, lectores de Villazón y algunos del exterior escribieron en el website de el Potosí pidiendo que se haga notar la cuna del ahora insigne ciclista.
Se trata de un pedido legítimo pero que, a la hora de la práctica, no condice con las normas básicas de redacción periodística.
Si estuviéramos hablando de un campeonato departamental, en el que las representaciones son provinciales, entonces la norma prevalente serían los gentilicios regionales pero este no es el caso.
Además, tenemos razones para sospechar que, más allá de la legitimidad de esos pedidos, detrás de algunos de ellos se esconde ese afán de divisionismo que caracteriza no sólo a los potosinos sino a todos los bolivianos.
No podemos olvidar que, en el sur de nuestro Departamento, existen tupiceños y villazonenses que se resisten a llamarse potosinos y aún hoy en día se endilga a Víctor Agustín Ugarte el negarse a utilizar el gentilicio departamental para optar por el regional. En el norte están provincias que alguna vez hablaron de crear un nuevo Departamento y las del sudoeste también se sienten demasiado desatendidas por la capital y no siempre manejan discursos de unidad.
Hay razones para justificar esas poses. El centralismo provocó la desatención de todas nuestras provincias y hasta el mismísimo Soliz se quejó recientemente de no haber recibido suficiente apoyo en su preparación como ciclista.
Sin embargo, es bueno hacer notar que este mismo fenómeno se advierte en los demás Departamentos. En el caso de Edgar Cueto, por ejemplo, se nos aclaró que es quillacolleño cuando se preguntó si era cochabambino.
Lo que pasa es que no sólo en Potosí sino en todo el país existe el criterio de la división como si esta fuera la panacea que nos ayude a superar un centralismo que, mejor manejado, quizás hubiese tenido otros resultados.
Tras una deslucida celebración del 10 de Noviembre en la que no recibimos ni siquiera un regalo digno, dos proezas deportivas nos devuelven la sonrisa pero, al mismo tiempo, nos invitan a pisar tierra.
Por una parte está la clasificación de Real Potosí a la semifinal del torneo Play Off. Es cierto que el equipo lila ya nos tiene acostumbrados a llegar a instancias finales en los campeonatos nacionales de fútbol pero el partido de ayer era diferente porque, de ganar en los 90 minutos —como efectivamente sucedió—, iba a enfrentarse a su ex arquero, Hugo Suárez, un “ataja-penales” temible también por sus tiros libres. Se superó ese escollo y hay razones para celebrar.
Lo de Oscar Soliz es histórico. Desde 1977, nuestro país no había visto el brillo del oro en la disciplina del ciclismo. El último —y hasta ayer el único— en conseguir semejante lauro fue el siempre recordado Edgar Cueto quien, como Soliz, tenía la ventaja de competir de local. Se trata, por tanto, del segundo oro para Bolivia en el ciclismo bolivariano pero, en lo que a nuestra región respecta, es el primer oro para Potosí.
Por elementales normas de redacción periodística, una persona tiene que ser identificada por su nacionalidad en una nota en la que aparecen personas de diferentes países. Así, en el caso de Soliz, este aparece como boliviano, que es lo que corresponde. Bajando un peldaño en la interpretación geográfica periodística, una persona es identificada con el gentilicio que corresponde a su Departamento, distrito o provincia cuando se la menciona en una nota nacional que incluye a otras que nacieron en diferentes lugares. Así, cuando hablamos de un campeonato nacional identificamos a cruceños, chuquisaqueños, paceños, potosinos, etc.
Oscar Soliz nació en Villazón, capital de la provincia Modesto Omiste del Departamento de Potosí. Para uso nacional, él debe ser identificado como potosino y su origen villazonense es parte del entorno de la nota. Sin embargo, lectores de Villazón y algunos del exterior escribieron en el website de el Potosí pidiendo que se haga notar la cuna del ahora insigne ciclista.
Se trata de un pedido legítimo pero que, a la hora de la práctica, no condice con las normas básicas de redacción periodística.
Si estuviéramos hablando de un campeonato departamental, en el que las representaciones son provinciales, entonces la norma prevalente serían los gentilicios regionales pero este no es el caso.
Además, tenemos razones para sospechar que, más allá de la legitimidad de esos pedidos, detrás de algunos de ellos se esconde ese afán de divisionismo que caracteriza no sólo a los potosinos sino a todos los bolivianos.
No podemos olvidar que, en el sur de nuestro Departamento, existen tupiceños y villazonenses que se resisten a llamarse potosinos y aún hoy en día se endilga a Víctor Agustín Ugarte el negarse a utilizar el gentilicio departamental para optar por el regional. En el norte están provincias que alguna vez hablaron de crear un nuevo Departamento y las del sudoeste también se sienten demasiado desatendidas por la capital y no siempre manejan discursos de unidad.
Hay razones para justificar esas poses. El centralismo provocó la desatención de todas nuestras provincias y hasta el mismísimo Soliz se quejó recientemente de no haber recibido suficiente apoyo en su preparación como ciclista.
Sin embargo, es bueno hacer notar que este mismo fenómeno se advierte en los demás Departamentos. En el caso de Edgar Cueto, por ejemplo, se nos aclaró que es quillacolleño cuando se preguntó si era cochabambino.
Lo que pasa es que no sólo en Potosí sino en todo el país existe el criterio de la división como si esta fuera la panacea que nos ayude a superar un centralismo que, mejor manejado, quizás hubiese tenido otros resultados.
domingo, 15 de noviembre de 2009
La degeneración de la política
Hace sólo unas semanas, cuando en este mismo espacio editorial criticábamos la actitud a todas luces racista que asumía la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) jamás imaginamos que ese grupo irregular se iba a convertir en el paradigma de lo que está pasando con la política boliviana.
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la presente.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y, al hacerlo, se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos, u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotada la oposición parece haber optado por recurrir ya no al agotado victimismo sino a otro recurso más grave en términos psicológicos que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy —ante la ausencia total de ideas y líderes— sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear collas en nombre de la autonomía y la “cruceñidad” se encuentren hoy en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos. Unos, en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión.
Así, los jóvenes —cuarentones la mayor parte de ellos— de los dos pedazos que quedan de lo que fue la UJC adquieren la condición de verdaderos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio” y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la presente.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y, al hacerlo, se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos, u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotada la oposición parece haber optado por recurrir ya no al agotado victimismo sino a otro recurso más grave en términos psicológicos que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy —ante la ausencia total de ideas y líderes— sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear collas en nombre de la autonomía y la “cruceñidad” se encuentren hoy en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos. Unos, en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión.
Así, los jóvenes —cuarentones la mayor parte de ellos— de los dos pedazos que quedan de lo que fue la UJC adquieren la condición de verdaderos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio” y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Bolivia y la “guerra continental” de Chávez
Las alusiones cada vez más directas —aunque en ocasiones desmentidas— de la posibilidad de desatar un conflicto bélico en nuestro continente parecen estar más allá de la euforia de quienes no pueden controlarlas.
Las referencias coincidentes a una escalada bélica inspirada por Venezuela y focalizada en nuestro país, por su estratégica posición geográfica, nos dan razones para pensar que las cosas van más allá de las palabras.
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones —aunque luego trató inútilmente de matizarlas— se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que, socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su “Socialismo del Siglo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” de la ALBA, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
Las referencias coincidentes a una escalada bélica inspirada por Venezuela y focalizada en nuestro país, por su estratégica posición geográfica, nos dan razones para pensar que las cosas van más allá de las palabras.
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones —aunque luego trató inútilmente de matizarlas— se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que, socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su “Socialismo del Siglo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” de la ALBA, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
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viernes, 13 de noviembre de 2009
O cambian o se van
Este día deberíamos estar celebrando la apertura de la nueva Terminal de buses, una infraestructura construida con el aporte de todos los potosinos
Lamentablemente, por culpa de unos cuantos representantes de las empresas y sindicatos de transportistas, la entrega se pospuso y de esa manera se impide que esta ciudad festeje por el único regalo digno de su efeméride.
Potosí no recibió ningún buen regalo en su efeméride cívica departamental.
El listado de calles con pavimento rígido que figura en el programa de festejos de la Alcaldía, las obras de microrriego en las provincias y los proyectos que la Prefectura ejecuta a pedazos, como el estadio “Víctor Agustín Ugarte”, están más a la medida de poblaciones del área dispersa que de una capital de Departamento que, mientras sus similares avanzan, vuelve a quedarse atrás en el camino del progreso.
Es cierto que el 10 de Noviembre es el aniversario cívico del Departamento y no simplemente de la ciudad pero… ¿no es legítimo que esta capital reclame obras a su altura?... ¿tenemos que contentarnos con listados que sólo sirven para llenar programas de festejos y separatas de la Alcaldía o Prefectura?
El malestar y hasta la angustia por no haber recibido nada se mitigó en parte con el anuncio de que la nueva Terminal de buses sería entregada este viernes. La posibilidad de enorgullecerse, por fin, con una infraestructura digna de nuestra ciudad hizo que creciera la expectativa por la apertura.
Lamentablemente, el hado fatal que se cierne sobre Potosí desde 1545 volvió a aparecer, esta vez parapetado en los dirigentes y representantes de las empresas y sindicatos de transportistas que pusieron tantos obstáculos y amenazas que la Alcaldía no tuvo más remedio que posponer la apertura de esa moderna infraestructura.
Los argumentos que manejan van desde nimiedades como que las calles circundantes son de tierra —sin tomar en cuenta que la vía principal de acceso está pavimentada— hasta ridiculeces como que la nueva Terminal está tan lejos que existe riesgo de asaltos. En rigor de verdad, la seguridad ciudadana es tan vulnerable en nuestra ciudad que se cometen
Lamentablemente, por culpa de unos cuantos representantes de las empresas y sindicatos de transportistas, la entrega se pospuso y de esa manera se impide que esta ciudad festeje por el único regalo digno de su efeméride.
Potosí no recibió ningún buen regalo en su efeméride cívica departamental.
El listado de calles con pavimento rígido que figura en el programa de festejos de la Alcaldía, las obras de microrriego en las provincias y los proyectos que la Prefectura ejecuta a pedazos, como el estadio “Víctor Agustín Ugarte”, están más a la medida de poblaciones del área dispersa que de una capital de Departamento que, mientras sus similares avanzan, vuelve a quedarse atrás en el camino del progreso.
Es cierto que el 10 de Noviembre es el aniversario cívico del Departamento y no simplemente de la ciudad pero… ¿no es legítimo que esta capital reclame obras a su altura?... ¿tenemos que contentarnos con listados que sólo sirven para llenar programas de festejos y separatas de la Alcaldía o Prefectura?
El malestar y hasta la angustia por no haber recibido nada se mitigó en parte con el anuncio de que la nueva Terminal de buses sería entregada este viernes. La posibilidad de enorgullecerse, por fin, con una infraestructura digna de nuestra ciudad hizo que creciera la expectativa por la apertura.
Lamentablemente, el hado fatal que se cierne sobre Potosí desde 1545 volvió a aparecer, esta vez parapetado en los dirigentes y representantes de las empresas y sindicatos de transportistas que pusieron tantos obstáculos y amenazas que la Alcaldía no tuvo más remedio que posponer la apertura de esa moderna infraestructura.
Los argumentos que manejan van desde nimiedades como que las calles circundantes son de tierra —sin tomar en cuenta que la vía principal de acceso está pavimentada— hasta ridiculeces como que la nueva Terminal está tan lejos que existe riesgo de asaltos. En rigor de verdad, la seguridad ciudadana es tan vulnerable en nuestra ciudad que se cometen
jueves, 12 de noviembre de 2009
País con escasa transparencia
En el pasado, el escándalo de corrupción en YPFB pudo haber arrastrado consigo al gobierno pero los bolivianos de ahora somos excesivamente tolerantes con el gobierno de Evo Morales al que también le permitimos que utilice sin control alguno el dinero proveniente de Venezuela.
Si aquí existe tolerancia para ese tipo de actuaciones, en el exterior existe una visión más crítica.
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a 12 países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción
Si aquí existe tolerancia para ese tipo de actuaciones, en el exterior existe una visión más crítica.
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a 12 países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción
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