Pasada la euforia por el éxito numérico del padrón electoral, y ante lo aplastantes que lucen las cifras de las encuestas que le dan una victoria abrumadora al MAS, a los partidos de la oposición no se les ocurrió mejor cosa que expresar sus dudas sobre el nuevo registro en lo que parece ser una disculpa anticipada de su fracaso en diciembre.
Lo que olvidan es que ellos tuvieron tanto el tiempo como el momento para designar a sus observadores en el proceso que ahora cuestionan.
El 19 de julio pasado, en este espacio editorial al referirnos a la manera como comenzaba a encararse el proceso electoral, decíamos que la oposición: “…tiene sólo dos caminos. O se pone a la altura de las circunstancias y aprovecha el poco tiempo que le queda para hacer algo serio, (…) o comienza a buscar pretextos para justificar su fracaso. Es de esperar que opte por lo primero”.
Desgraciadamente, cuatro meses después, debemos lamentar que haya sido el segundo el camino elegido. No otra cosa significa el súbito entusiasmo con que algunos portavoces de la oposición han comenzado a desparramar dudas sobre la calidad y transparencia del padrón biométrico. Después de haberlo alabado desmedidamente, ahora vuelven a dirigir su atención al empedrado para echarle la culpa por sus tropiezos y caídas.
Y no es que falten motivos para poner en duda las cualidades milagrosas que hasta poco se atribuían al famoso padrón biométrico. Por el contrario, ellos abundan. Pero no recién ahora, pues todo lo que los flamantes detractores del padrón biométrico dicen hoy es exactamente lo mismo que podía y debía haber sido dicho con la debida oportunidad.
Haber creído que como por arte de birlibirloque el padrón biométrico resolvería las múltiples deficiencias que más que al antiguo padrón eran y siguen siendo atribuibles a lo corrompido que está el registro civil de nuestro país, fue siempre, y no ahora, un grave error.
Tan erróneo como eso fue sobrestimar las cualidades de los artilugios tecnológicos. “No debe perderse de vista que por modernos y eficientes que sean los recursos técnicos empleados para empadronar a la ciudadanía, seguirá siendo siempre el factor humano el principal. Las máquinas y los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores”, decíamos en este espacio el 19 de junio pasado.
Insistimos, por eso, en muy numerosas oportunidades, en que “la transparencia y confiabilidad del próximo proceso electoral sigue dependiendo, como antes, de la capacidad que tengan las organizaciones políticas de la oposición de supervisar todo el proceso. “Mientras los partidos políticos no sean capaces de ejercer su derecho y cumplir su obligación de hacerse presentes con sus representantes en todo el territorio nacional para supervisar desde el registro hasta la emisión y cómputo de los votos, de nada habrá valido todo el esfuerzo que se está haciendo para construir un costoso padrón biométrico”, dijimos.
Hasta ahora, ninguno de los frentes opositores ha cumplido con ese deber fundamental. Ninguno ha designado representantes oficiales y capacitados para supervisar el proceso por lo que ahora, cuando se ven los resultados de su desidia, carecen de la autoridad moral necesaria para hacer reclamo alguno.
Por eso, como ya lo dijimos el 1 de octubre, muy a pesar de que el padrón biométrico no estará libre de gravísimas imperfecciones, “las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
Ceder o morir
Ya no se puede cerrar más los ojos a la realidad. Todas las encuestas apuntan a un triunfo contundente del gubernamental Movimiento Al Socialismo (MAS) en las elecciones de diciembre y, ante los escasos días que faltan para la fecha prevista, es poco probable que el escenario cambie a menos que ocurra un hecho realmente extraordinario.
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. Ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad, tanto que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. Ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad, tanto que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Gentilicios y regionalismo
Una vez más, el deporte le ha dado motivos de satisfacción a esta tierra que, sin embargo, todavía debe tolerar que sus hijos hagan diferencias a la hora de llamarse potosinos.
Tras una deslucida celebración del 10 de Noviembre en la que no recibimos ni siquiera un regalo digno, dos proezas deportivas nos devuelven la sonrisa pero, al mismo tiempo, nos invitan a pisar tierra.
Por una parte está la clasificación de Real Potosí a la semifinal del torneo Play Off. Es cierto que el equipo lila ya nos tiene acostumbrados a llegar a instancias finales en los campeonatos nacionales de fútbol pero el partido de ayer era diferente porque, de ganar en los 90 minutos —como efectivamente sucedió—, iba a enfrentarse a su ex arquero, Hugo Suárez, un “ataja-penales” temible también por sus tiros libres. Se superó ese escollo y hay razones para celebrar.
Lo de Oscar Soliz es histórico. Desde 1977, nuestro país no había visto el brillo del oro en la disciplina del ciclismo. El último —y hasta ayer el único— en conseguir semejante lauro fue el siempre recordado Edgar Cueto quien, como Soliz, tenía la ventaja de competir de local. Se trata, por tanto, del segundo oro para Bolivia en el ciclismo bolivariano pero, en lo que a nuestra región respecta, es el primer oro para Potosí.
Por elementales normas de redacción periodística, una persona tiene que ser identificada por su nacionalidad en una nota en la que aparecen personas de diferentes países. Así, en el caso de Soliz, este aparece como boliviano, que es lo que corresponde. Bajando un peldaño en la interpretación geográfica periodística, una persona es identificada con el gentilicio que corresponde a su Departamento, distrito o provincia cuando se la menciona en una nota nacional que incluye a otras que nacieron en diferentes lugares. Así, cuando hablamos de un campeonato nacional identificamos a cruceños, chuquisaqueños, paceños, potosinos, etc.
Oscar Soliz nació en Villazón, capital de la provincia Modesto Omiste del Departamento de Potosí. Para uso nacional, él debe ser identificado como potosino y su origen villazonense es parte del entorno de la nota. Sin embargo, lectores de Villazón y algunos del exterior escribieron en el website de el Potosí pidiendo que se haga notar la cuna del ahora insigne ciclista.
Se trata de un pedido legítimo pero que, a la hora de la práctica, no condice con las normas básicas de redacción periodística.
Si estuviéramos hablando de un campeonato departamental, en el que las representaciones son provinciales, entonces la norma prevalente serían los gentilicios regionales pero este no es el caso.
Además, tenemos razones para sospechar que, más allá de la legitimidad de esos pedidos, detrás de algunos de ellos se esconde ese afán de divisionismo que caracteriza no sólo a los potosinos sino a todos los bolivianos.
No podemos olvidar que, en el sur de nuestro Departamento, existen tupiceños y villazonenses que se resisten a llamarse potosinos y aún hoy en día se endilga a Víctor Agustín Ugarte el negarse a utilizar el gentilicio departamental para optar por el regional. En el norte están provincias que alguna vez hablaron de crear un nuevo Departamento y las del sudoeste también se sienten demasiado desatendidas por la capital y no siempre manejan discursos de unidad.
Hay razones para justificar esas poses. El centralismo provocó la desatención de todas nuestras provincias y hasta el mismísimo Soliz se quejó recientemente de no haber recibido suficiente apoyo en su preparación como ciclista.
Sin embargo, es bueno hacer notar que este mismo fenómeno se advierte en los demás Departamentos. En el caso de Edgar Cueto, por ejemplo, se nos aclaró que es quillacolleño cuando se preguntó si era cochabambino.
Lo que pasa es que no sólo en Potosí sino en todo el país existe el criterio de la división como si esta fuera la panacea que nos ayude a superar un centralismo que, mejor manejado, quizás hubiese tenido otros resultados.
Tras una deslucida celebración del 10 de Noviembre en la que no recibimos ni siquiera un regalo digno, dos proezas deportivas nos devuelven la sonrisa pero, al mismo tiempo, nos invitan a pisar tierra.
Por una parte está la clasificación de Real Potosí a la semifinal del torneo Play Off. Es cierto que el equipo lila ya nos tiene acostumbrados a llegar a instancias finales en los campeonatos nacionales de fútbol pero el partido de ayer era diferente porque, de ganar en los 90 minutos —como efectivamente sucedió—, iba a enfrentarse a su ex arquero, Hugo Suárez, un “ataja-penales” temible también por sus tiros libres. Se superó ese escollo y hay razones para celebrar.
Lo de Oscar Soliz es histórico. Desde 1977, nuestro país no había visto el brillo del oro en la disciplina del ciclismo. El último —y hasta ayer el único— en conseguir semejante lauro fue el siempre recordado Edgar Cueto quien, como Soliz, tenía la ventaja de competir de local. Se trata, por tanto, del segundo oro para Bolivia en el ciclismo bolivariano pero, en lo que a nuestra región respecta, es el primer oro para Potosí.
Por elementales normas de redacción periodística, una persona tiene que ser identificada por su nacionalidad en una nota en la que aparecen personas de diferentes países. Así, en el caso de Soliz, este aparece como boliviano, que es lo que corresponde. Bajando un peldaño en la interpretación geográfica periodística, una persona es identificada con el gentilicio que corresponde a su Departamento, distrito o provincia cuando se la menciona en una nota nacional que incluye a otras que nacieron en diferentes lugares. Así, cuando hablamos de un campeonato nacional identificamos a cruceños, chuquisaqueños, paceños, potosinos, etc.
Oscar Soliz nació en Villazón, capital de la provincia Modesto Omiste del Departamento de Potosí. Para uso nacional, él debe ser identificado como potosino y su origen villazonense es parte del entorno de la nota. Sin embargo, lectores de Villazón y algunos del exterior escribieron en el website de el Potosí pidiendo que se haga notar la cuna del ahora insigne ciclista.
Se trata de un pedido legítimo pero que, a la hora de la práctica, no condice con las normas básicas de redacción periodística.
Si estuviéramos hablando de un campeonato departamental, en el que las representaciones son provinciales, entonces la norma prevalente serían los gentilicios regionales pero este no es el caso.
Además, tenemos razones para sospechar que, más allá de la legitimidad de esos pedidos, detrás de algunos de ellos se esconde ese afán de divisionismo que caracteriza no sólo a los potosinos sino a todos los bolivianos.
No podemos olvidar que, en el sur de nuestro Departamento, existen tupiceños y villazonenses que se resisten a llamarse potosinos y aún hoy en día se endilga a Víctor Agustín Ugarte el negarse a utilizar el gentilicio departamental para optar por el regional. En el norte están provincias que alguna vez hablaron de crear un nuevo Departamento y las del sudoeste también se sienten demasiado desatendidas por la capital y no siempre manejan discursos de unidad.
Hay razones para justificar esas poses. El centralismo provocó la desatención de todas nuestras provincias y hasta el mismísimo Soliz se quejó recientemente de no haber recibido suficiente apoyo en su preparación como ciclista.
Sin embargo, es bueno hacer notar que este mismo fenómeno se advierte en los demás Departamentos. En el caso de Edgar Cueto, por ejemplo, se nos aclaró que es quillacolleño cuando se preguntó si era cochabambino.
Lo que pasa es que no sólo en Potosí sino en todo el país existe el criterio de la división como si esta fuera la panacea que nos ayude a superar un centralismo que, mejor manejado, quizás hubiese tenido otros resultados.
domingo, 15 de noviembre de 2009
La degeneración de la política
Hace sólo unas semanas, cuando en este mismo espacio editorial criticábamos la actitud a todas luces racista que asumía la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) jamás imaginamos que ese grupo irregular se iba a convertir en el paradigma de lo que está pasando con la política boliviana.
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la presente.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y, al hacerlo, se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos, u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotada la oposición parece haber optado por recurrir ya no al agotado victimismo sino a otro recurso más grave en términos psicológicos que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy —ante la ausencia total de ideas y líderes— sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear collas en nombre de la autonomía y la “cruceñidad” se encuentren hoy en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos. Unos, en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión.
Así, los jóvenes —cuarentones la mayor parte de ellos— de los dos pedazos que quedan de lo que fue la UJC adquieren la condición de verdaderos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio” y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la presente.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y, al hacerlo, se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos, u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotada la oposición parece haber optado por recurrir ya no al agotado victimismo sino a otro recurso más grave en términos psicológicos que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy —ante la ausencia total de ideas y líderes— sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear collas en nombre de la autonomía y la “cruceñidad” se encuentren hoy en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos. Unos, en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión.
Así, los jóvenes —cuarentones la mayor parte de ellos— de los dos pedazos que quedan de lo que fue la UJC adquieren la condición de verdaderos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio” y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Bolivia y la “guerra continental” de Chávez
Las alusiones cada vez más directas —aunque en ocasiones desmentidas— de la posibilidad de desatar un conflicto bélico en nuestro continente parecen estar más allá de la euforia de quienes no pueden controlarlas.
Las referencias coincidentes a una escalada bélica inspirada por Venezuela y focalizada en nuestro país, por su estratégica posición geográfica, nos dan razones para pensar que las cosas van más allá de las palabras.
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones —aunque luego trató inútilmente de matizarlas— se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que, socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su “Socialismo del Siglo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” de la ALBA, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
Las referencias coincidentes a una escalada bélica inspirada por Venezuela y focalizada en nuestro país, por su estratégica posición geográfica, nos dan razones para pensar que las cosas van más allá de las palabras.
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones —aunque luego trató inútilmente de matizarlas— se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que, socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su “Socialismo del Siglo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” de la ALBA, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
Etiquetas:
FARC,
Hugo Chávez,
Irán,
Venezuela
viernes, 13 de noviembre de 2009
O cambian o se van
Este día deberíamos estar celebrando la apertura de la nueva Terminal de buses, una infraestructura construida con el aporte de todos los potosinos
Lamentablemente, por culpa de unos cuantos representantes de las empresas y sindicatos de transportistas, la entrega se pospuso y de esa manera se impide que esta ciudad festeje por el único regalo digno de su efeméride.
Potosí no recibió ningún buen regalo en su efeméride cívica departamental.
El listado de calles con pavimento rígido que figura en el programa de festejos de la Alcaldía, las obras de microrriego en las provincias y los proyectos que la Prefectura ejecuta a pedazos, como el estadio “Víctor Agustín Ugarte”, están más a la medida de poblaciones del área dispersa que de una capital de Departamento que, mientras sus similares avanzan, vuelve a quedarse atrás en el camino del progreso.
Es cierto que el 10 de Noviembre es el aniversario cívico del Departamento y no simplemente de la ciudad pero… ¿no es legítimo que esta capital reclame obras a su altura?... ¿tenemos que contentarnos con listados que sólo sirven para llenar programas de festejos y separatas de la Alcaldía o Prefectura?
El malestar y hasta la angustia por no haber recibido nada se mitigó en parte con el anuncio de que la nueva Terminal de buses sería entregada este viernes. La posibilidad de enorgullecerse, por fin, con una infraestructura digna de nuestra ciudad hizo que creciera la expectativa por la apertura.
Lamentablemente, el hado fatal que se cierne sobre Potosí desde 1545 volvió a aparecer, esta vez parapetado en los dirigentes y representantes de las empresas y sindicatos de transportistas que pusieron tantos obstáculos y amenazas que la Alcaldía no tuvo más remedio que posponer la apertura de esa moderna infraestructura.
Los argumentos que manejan van desde nimiedades como que las calles circundantes son de tierra —sin tomar en cuenta que la vía principal de acceso está pavimentada— hasta ridiculeces como que la nueva Terminal está tan lejos que existe riesgo de asaltos. En rigor de verdad, la seguridad ciudadana es tan vulnerable en nuestra ciudad que se cometen
Lamentablemente, por culpa de unos cuantos representantes de las empresas y sindicatos de transportistas, la entrega se pospuso y de esa manera se impide que esta ciudad festeje por el único regalo digno de su efeméride.
Potosí no recibió ningún buen regalo en su efeméride cívica departamental.
El listado de calles con pavimento rígido que figura en el programa de festejos de la Alcaldía, las obras de microrriego en las provincias y los proyectos que la Prefectura ejecuta a pedazos, como el estadio “Víctor Agustín Ugarte”, están más a la medida de poblaciones del área dispersa que de una capital de Departamento que, mientras sus similares avanzan, vuelve a quedarse atrás en el camino del progreso.
Es cierto que el 10 de Noviembre es el aniversario cívico del Departamento y no simplemente de la ciudad pero… ¿no es legítimo que esta capital reclame obras a su altura?... ¿tenemos que contentarnos con listados que sólo sirven para llenar programas de festejos y separatas de la Alcaldía o Prefectura?
El malestar y hasta la angustia por no haber recibido nada se mitigó en parte con el anuncio de que la nueva Terminal de buses sería entregada este viernes. La posibilidad de enorgullecerse, por fin, con una infraestructura digna de nuestra ciudad hizo que creciera la expectativa por la apertura.
Lamentablemente, el hado fatal que se cierne sobre Potosí desde 1545 volvió a aparecer, esta vez parapetado en los dirigentes y representantes de las empresas y sindicatos de transportistas que pusieron tantos obstáculos y amenazas que la Alcaldía no tuvo más remedio que posponer la apertura de esa moderna infraestructura.
Los argumentos que manejan van desde nimiedades como que las calles circundantes son de tierra —sin tomar en cuenta que la vía principal de acceso está pavimentada— hasta ridiculeces como que la nueva Terminal está tan lejos que existe riesgo de asaltos. En rigor de verdad, la seguridad ciudadana es tan vulnerable en nuestra ciudad que se cometen
jueves, 12 de noviembre de 2009
País con escasa transparencia
En el pasado, el escándalo de corrupción en YPFB pudo haber arrastrado consigo al gobierno pero los bolivianos de ahora somos excesivamente tolerantes con el gobierno de Evo Morales al que también le permitimos que utilice sin control alguno el dinero proveniente de Venezuela.
Si aquí existe tolerancia para ese tipo de actuaciones, en el exterior existe una visión más crítica.
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a 12 países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción
Si aquí existe tolerancia para ese tipo de actuaciones, en el exterior existe una visión más crítica.
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a 12 países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción
miércoles, 11 de noviembre de 2009
La preservación de la libertad prensa
La naturaleza del trabajo periodístico hace que este ponga en evidencia las actuaciones de los detentadores del poder. Debido a ello, la prensa es enemiga natural de los políticos quienes, en su afán de controlarla, recurren a diversos métodos.
La lucha por el control de la prensa es una constante en la historia de la humanidad y los tiempos actuales no podían ser una excepción
La Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que en su sesión de clausura realizada ayer en Buenos Aires, Argentina, aprobó los informes de editores de diarios sobre el estado de la libertad de prensa en el continente americano, ha vuelto a incluir a nuestro país entre los más afectados por actos gubernamentales tendientes a limitar la labor periodística.
Como se recordará, hace unas semanas fue Reporteros Sin Fronteras la institución que llegó a similares conclusiones. Nuestro país es identificado por todos los organismos observadores, como uno de los que da crecientes motivos de preocupación.
Según el balance de la SIP, Cuba, Honduras, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Bolivia pueden ser clasificados en la misma categoría; la de países en los que la libertad de expresión está amenazada sea por actos promovidos por sus respectivos gobiernos, o por organizaciones criminales que se sienten afectadas por las investigaciones que intentan poner al descubierto sus actividades.
Aunque en términos generales no hay nada que objetar tal evaluación, es pertinente hacer algunas diferenciaciones para que los muy importantes matices no se diluyan en las vagas generalizaciones.
Hay que destacar, por ejemplo, que el caso de Cuba no es en nada parecido al de México. En ambos países el periodismo está sometido a gravísimas limitaciones, pero por razones y circunstancias muy distintas entre sí.
El caso boliviano, por su parte, dista mucho de cualquiera de los dos antes mencionados. Ni se ha llegado al extremo de censura y represión que ha hecho de Cuba uno de los países más represivos del mundo, ni la violencia criminal ha llegado al punto de hacer del periodismo una actividad de alto riesgo. Bolivia es, felizmente, un país en el que si bien las relaciones entre prensa y poder político son muy tensas, la libertad está siempre amenazada y el gobierno no disimula su animadversión contra el periodismo, está lejos de merecer ser comparado con Cuba o México.
No es el caso de Honduras, donde a partir del golpe de Estado del 28 de junio se han puesto en vigencia una serie de restricciones que por su gravedad son sólo comparables a las que ya son habituales bajo la dictadura cubana. Honduras es pues, con Cuba, uno de los dos países en los que la eliminación de la libertad de prensa es algo más que una amenaza; es una realidad.
Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina no pueden, por lo menos no aún, ser clasificados en esa categoría. Es que aunque en todos ellos son constantes las amenazas y las medidas coercitivas de distinta naturaleza, no han llegado al extremo clausurar medios o perseguir periodistas únicamente por motivos políticos o ideológicos. Y aunque es evidente que no es por falta de ganas que los gobernantes de esos países no adoptan medidas más radicales, como las adoptadas por Micheletti para acallar a la oposición, lo cierto es que no han llegado a tales extremos.
En estos países, en los que la batalla se libra a diario, se ha logrado preservar, aunque a veces precariamente, la libertad de expresión. No ha sido fácil, pero ha sido posible. Y ese no es un pequeño detalle.
La lucha por el control de la prensa es una constante en la historia de la humanidad y los tiempos actuales no podían ser una excepción
La Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que en su sesión de clausura realizada ayer en Buenos Aires, Argentina, aprobó los informes de editores de diarios sobre el estado de la libertad de prensa en el continente americano, ha vuelto a incluir a nuestro país entre los más afectados por actos gubernamentales tendientes a limitar la labor periodística.
Como se recordará, hace unas semanas fue Reporteros Sin Fronteras la institución que llegó a similares conclusiones. Nuestro país es identificado por todos los organismos observadores, como uno de los que da crecientes motivos de preocupación.
Según el balance de la SIP, Cuba, Honduras, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Bolivia pueden ser clasificados en la misma categoría; la de países en los que la libertad de expresión está amenazada sea por actos promovidos por sus respectivos gobiernos, o por organizaciones criminales que se sienten afectadas por las investigaciones que intentan poner al descubierto sus actividades.
Aunque en términos generales no hay nada que objetar tal evaluación, es pertinente hacer algunas diferenciaciones para que los muy importantes matices no se diluyan en las vagas generalizaciones.
Hay que destacar, por ejemplo, que el caso de Cuba no es en nada parecido al de México. En ambos países el periodismo está sometido a gravísimas limitaciones, pero por razones y circunstancias muy distintas entre sí.
El caso boliviano, por su parte, dista mucho de cualquiera de los dos antes mencionados. Ni se ha llegado al extremo de censura y represión que ha hecho de Cuba uno de los países más represivos del mundo, ni la violencia criminal ha llegado al punto de hacer del periodismo una actividad de alto riesgo. Bolivia es, felizmente, un país en el que si bien las relaciones entre prensa y poder político son muy tensas, la libertad está siempre amenazada y el gobierno no disimula su animadversión contra el periodismo, está lejos de merecer ser comparado con Cuba o México.
No es el caso de Honduras, donde a partir del golpe de Estado del 28 de junio se han puesto en vigencia una serie de restricciones que por su gravedad son sólo comparables a las que ya son habituales bajo la dictadura cubana. Honduras es pues, con Cuba, uno de los dos países en los que la eliminación de la libertad de prensa es algo más que una amenaza; es una realidad.
Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina no pueden, por lo menos no aún, ser clasificados en esa categoría. Es que aunque en todos ellos son constantes las amenazas y las medidas coercitivas de distinta naturaleza, no han llegado al extremo clausurar medios o perseguir periodistas únicamente por motivos políticos o ideológicos. Y aunque es evidente que no es por falta de ganas que los gobernantes de esos países no adoptan medidas más radicales, como las adoptadas por Micheletti para acallar a la oposición, lo cierto es que no han llegado a tales extremos.
En estos países, en los que la batalla se libra a diario, se ha logrado preservar, aunque a veces precariamente, la libertad de expresión. No ha sido fácil, pero ha sido posible. Y ese no es un pequeño detalle.
martes, 10 de noviembre de 2009
A festejar se ha dicho
Este día comienzan los festejos por el 199 aniversario de la gesta libertaria del 10 de Noviembre de 1810.
Gracias a que la sensatez se impuso en el último consejo consultivo del Comité Cívico Potosinista, nada podrá opacar el brillo de tan importante fecha.
Podemos festejar. Eso es algo que no se podía decir hace algunos años, cuando la proximidad de la efeméride cívica de Potosí se traducía en el eterno conflicto entre los cívicos y el Gobierno que generalmente daba paso a paros y duelos departamentales que sólo sirvieron para aguar anteriores aniversarios.
La historia era siempre la misma: el comité cívico presentaba un pliego petitorio —generalmente alimentado por los delegados radicales que son los que casi nunca faltan a los consejos consultivos— y fijaba un plazo para que el Gobierno responda. No importaba cuánto cedían los gobernantes —a veces hasta demagógicamente— porque los dirigentes que expresaban su conformidad eran calificados de “vendidos”. Por tanto, casi siempre decían que no estaban conformes así que se declaraba el paro. Más aún, a algún iluminado se le ocurrió que la mejor manera de protestar era el autoflagelo así que también se declaraba duelo departamental y se suspendían los festejos por el aniversario departamental.
Lo único que consiguió esa ridícula actitud fue que la efeméride cívica, aquella en la que deberíamos celebrar y replantear nuestro futuro, pase desapercibida en nuestra ciudad mientras los potosinos residentes en el interior del país tenían sonadas celebraciones. Los estudiantes se frustraban porque no podían desfilar y el resto del país sonreía ante la imagen de una región que intentaba hacerse escuchar infringiéndose castigos por mano propia.
Afortunadamente, eso ya parece cosa del pasado.
Hoy en día, los dirigentes cívicos tienen la suficiente lucidez como para no dejarse llevar por la actitud interesada de los radicales que saben que sólo en un río revuelto podrán pescar incautos.
Por eso es que al iniciar los festejos de nuestra efeméride no nos lamentamos de nada porque, si bien es cierto que somos pobres y nuestra pobreza se la debemos en gran parte a la desatención de los diferentes gobiernos, para nadie es desconocido que somos dignos y esa dignidad es nuestra mayor riqueza.
En nombre de esa dignidad, no sólo tenemos que cambiar nuestros métodos de lucha sino que también debemos asumir el rol histórico que tiene nuestra región y nosotros con ella.
Los hechos demuestran que Potosí fue llamada por el destino a ser la sustentadora no sólo de una nación sino de todo un continente. La plata del Cerro Rico no sólo alimentó las arcas de la corona española sino también las de otros imperios españoles merced a la piratería.
Durante la Guerra de la Independencia, los ejércitos patriotas pudieron cubrir sus gastos, fundamentalmente de alimentos y movilización, gracias a la plata potosina así que no es descabellado decir que Perú, Bolivia y Argentina le deben su libertad.
Finalmente, ya durante la República, Potosí mantuvo a Bolivia tanto con la plata, cuya era se mantuvo incluso hasta el siglo XX y luego con el estaño cuyas utilidades fueron utilizadas para construir el camino asfaltado al oriente y, por ende, se convirtió en una de los motores de su desarrollo.
Por tanto, Potosí fue el padre que procuró la alimentación para la Patria y la madre que la amamantó. Las actitudes de divisionismo que ahora asumen algunos cruceños y tarijeños no son más que muestras de la enorme ignorancia de estos respecto a la historia del país.
En este nuevo aniversario, los potosinos tenemos que aprender los errores del pasado y dejar de autoflagelarnos —el comité cívico está dando un buen paso en ese sentido— pero también debemos recordar que somos dignos y, en nombre de esa dignidad, hay que trabajar para forjar el nuevo Potosí sin la ayuda de nadie, ni del indolente Gobierno ni de nuestros ingratos hermanos.
Gracias a que la sensatez se impuso en el último consejo consultivo del Comité Cívico Potosinista, nada podrá opacar el brillo de tan importante fecha.
Podemos festejar. Eso es algo que no se podía decir hace algunos años, cuando la proximidad de la efeméride cívica de Potosí se traducía en el eterno conflicto entre los cívicos y el Gobierno que generalmente daba paso a paros y duelos departamentales que sólo sirvieron para aguar anteriores aniversarios.
La historia era siempre la misma: el comité cívico presentaba un pliego petitorio —generalmente alimentado por los delegados radicales que son los que casi nunca faltan a los consejos consultivos— y fijaba un plazo para que el Gobierno responda. No importaba cuánto cedían los gobernantes —a veces hasta demagógicamente— porque los dirigentes que expresaban su conformidad eran calificados de “vendidos”. Por tanto, casi siempre decían que no estaban conformes así que se declaraba el paro. Más aún, a algún iluminado se le ocurrió que la mejor manera de protestar era el autoflagelo así que también se declaraba duelo departamental y se suspendían los festejos por el aniversario departamental.
Lo único que consiguió esa ridícula actitud fue que la efeméride cívica, aquella en la que deberíamos celebrar y replantear nuestro futuro, pase desapercibida en nuestra ciudad mientras los potosinos residentes en el interior del país tenían sonadas celebraciones. Los estudiantes se frustraban porque no podían desfilar y el resto del país sonreía ante la imagen de una región que intentaba hacerse escuchar infringiéndose castigos por mano propia.
Afortunadamente, eso ya parece cosa del pasado.
Hoy en día, los dirigentes cívicos tienen la suficiente lucidez como para no dejarse llevar por la actitud interesada de los radicales que saben que sólo en un río revuelto podrán pescar incautos.
Por eso es que al iniciar los festejos de nuestra efeméride no nos lamentamos de nada porque, si bien es cierto que somos pobres y nuestra pobreza se la debemos en gran parte a la desatención de los diferentes gobiernos, para nadie es desconocido que somos dignos y esa dignidad es nuestra mayor riqueza.
En nombre de esa dignidad, no sólo tenemos que cambiar nuestros métodos de lucha sino que también debemos asumir el rol histórico que tiene nuestra región y nosotros con ella.
Los hechos demuestran que Potosí fue llamada por el destino a ser la sustentadora no sólo de una nación sino de todo un continente. La plata del Cerro Rico no sólo alimentó las arcas de la corona española sino también las de otros imperios españoles merced a la piratería.
Durante la Guerra de la Independencia, los ejércitos patriotas pudieron cubrir sus gastos, fundamentalmente de alimentos y movilización, gracias a la plata potosina así que no es descabellado decir que Perú, Bolivia y Argentina le deben su libertad.
Finalmente, ya durante la República, Potosí mantuvo a Bolivia tanto con la plata, cuya era se mantuvo incluso hasta el siglo XX y luego con el estaño cuyas utilidades fueron utilizadas para construir el camino asfaltado al oriente y, por ende, se convirtió en una de los motores de su desarrollo.
Por tanto, Potosí fue el padre que procuró la alimentación para la Patria y la madre que la amamantó. Las actitudes de divisionismo que ahora asumen algunos cruceños y tarijeños no son más que muestras de la enorme ignorancia de estos respecto a la historia del país.
En este nuevo aniversario, los potosinos tenemos que aprender los errores del pasado y dejar de autoflagelarnos —el comité cívico está dando un buen paso en ese sentido— pero también debemos recordar que somos dignos y, en nombre de esa dignidad, hay que trabajar para forjar el nuevo Potosí sin la ayuda de nadie, ni del indolente Gobierno ni de nuestros ingratos hermanos.
Etiquetas:
Bicentenario,
Historia,
Potosí
lunes, 9 de noviembre de 2009
Las relaciones con Estados Unidos
Para el Gobierno queda una asignatura final de tipo protocolar y rango diplomático. Nos referimos al respeto con el cual un gobierno debe referirse a cualquiera de sus pares foráneos
Nadie puede negar que Estados Unidos asume una crucial importancia para cualquier país sudamericano, particularmente respecto a cuantos siguen entrampados en un subdesarrollo cuya superación urge aún encarar en el plano de la cooperación bilateral y multilateral. Como la potencia del norte tiene un ostensible peso en ambos espacios, países como el nuestro deben mantener con ella relaciones diplomáticas de total normalidad. Es lo que aconseja no sólo la racionalidad, sino también la más elemental prudencia. Bolivia, en los últimos años, estropeó sus vínculos con Estados Unidos por causas que de modo alguno son justificables. Cabe mencionar entre ellas una acentuada susceptibilidad, lindante con la paranoia, respecto a presuntas acciones intervencionistas de EEUU en los asuntos bolivianos. Se echó al embajador norteamericano de Bolivia, tras un cerco masista a la sede diplomática yanqui en La Paz. A esto se agregó la expulsión de la DEA, medida que le significó al país la pérdida de la cooperación económica y técnica en la lucha contra el narcotráfico. Finalmente, lo que fue más grave todavía: nos quedamos sin ese tratado de preferencias arancelarias sin el cual ciertas exportaciones bolivianas al mercado estadounidense pierden la necesaria competitividad.
Sin duda alguna que las negativas consecuencias de los hechos referidos, constituyen la razón por la cual el Gobierno boliviano se esfuerza hoy por recomponer sus relaciones con Washington. Acaso el fantasma de la desocupación en El Alto, donde muchas grandes, medianas y pequeñas empresas cerraron o redujeron al mínimo su producción, fue el que mayormente le indujo a reanudar lo andado y volver a la normalidad diplomática con la potencia del norte.
Un publicitado aunque no detallado ‘acuerdo marco’, esbozado en Washington entre representantes de la Casa Blanca y enviados especiales del Gobierno de Evo Morales, constituiría el tramo inicial hacia un pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Es decir, a nivel de embajadores y no de encargados de negocios dedicados sólo a trámites y asuntos de rutina.
El ‘acuerdo marco’, naturalmente, tiene que estar referido al cumplimiento estricto no sólo de las reglas que a escala universal rigen las relaciones de los miembros de la comunidad internacional, sino a los compromisos establecidos por tratados vigentes en el mismo ámbito y a los de tipo bilateral. Entre estos últimos, con los Estados Unidos, cabe mencionar a algunos de cuya vigencia depende que EEUU y Bolivia se entiendan y restablezcan relaciones al nivel adecuado. Nos referimos al tema coca-cocaína. ¿Derivará el ‘acuerdo marco’ a una conciliación de criterios sobre éste y otros asuntos de la agenda bilateral? Aún no lo sabemos. Para el Gobierno queda una asignatura final de tipo protocolar y rango diplomático. Nos referimos al respeto con el cual un gobierno debe referirse a cualquiera de sus pares foráneos.
Nada de insultos, agravios, sindicaciones ligeras y de otros comportamientos que ofendan y predispongan a la contraparte. Este tipo de deslices, por parte del Gobierno boliviano, contribuyeron a agravar la crisis en las relaciones con el país del norte. Sería bueno que el actual régimen no vuelva a incurrir en ellas.
Nadie puede negar que Estados Unidos asume una crucial importancia para cualquier país sudamericano, particularmente respecto a cuantos siguen entrampados en un subdesarrollo cuya superación urge aún encarar en el plano de la cooperación bilateral y multilateral. Como la potencia del norte tiene un ostensible peso en ambos espacios, países como el nuestro deben mantener con ella relaciones diplomáticas de total normalidad. Es lo que aconseja no sólo la racionalidad, sino también la más elemental prudencia. Bolivia, en los últimos años, estropeó sus vínculos con Estados Unidos por causas que de modo alguno son justificables. Cabe mencionar entre ellas una acentuada susceptibilidad, lindante con la paranoia, respecto a presuntas acciones intervencionistas de EEUU en los asuntos bolivianos. Se echó al embajador norteamericano de Bolivia, tras un cerco masista a la sede diplomática yanqui en La Paz. A esto se agregó la expulsión de la DEA, medida que le significó al país la pérdida de la cooperación económica y técnica en la lucha contra el narcotráfico. Finalmente, lo que fue más grave todavía: nos quedamos sin ese tratado de preferencias arancelarias sin el cual ciertas exportaciones bolivianas al mercado estadounidense pierden la necesaria competitividad.
Sin duda alguna que las negativas consecuencias de los hechos referidos, constituyen la razón por la cual el Gobierno boliviano se esfuerza hoy por recomponer sus relaciones con Washington. Acaso el fantasma de la desocupación en El Alto, donde muchas grandes, medianas y pequeñas empresas cerraron o redujeron al mínimo su producción, fue el que mayormente le indujo a reanudar lo andado y volver a la normalidad diplomática con la potencia del norte.
Un publicitado aunque no detallado ‘acuerdo marco’, esbozado en Washington entre representantes de la Casa Blanca y enviados especiales del Gobierno de Evo Morales, constituiría el tramo inicial hacia un pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Es decir, a nivel de embajadores y no de encargados de negocios dedicados sólo a trámites y asuntos de rutina.
El ‘acuerdo marco’, naturalmente, tiene que estar referido al cumplimiento estricto no sólo de las reglas que a escala universal rigen las relaciones de los miembros de la comunidad internacional, sino a los compromisos establecidos por tratados vigentes en el mismo ámbito y a los de tipo bilateral. Entre estos últimos, con los Estados Unidos, cabe mencionar a algunos de cuya vigencia depende que EEUU y Bolivia se entiendan y restablezcan relaciones al nivel adecuado. Nos referimos al tema coca-cocaína. ¿Derivará el ‘acuerdo marco’ a una conciliación de criterios sobre éste y otros asuntos de la agenda bilateral? Aún no lo sabemos. Para el Gobierno queda una asignatura final de tipo protocolar y rango diplomático. Nos referimos al respeto con el cual un gobierno debe referirse a cualquiera de sus pares foráneos.
Nada de insultos, agravios, sindicaciones ligeras y de otros comportamientos que ofendan y predispongan a la contraparte. Este tipo de deslices, por parte del Gobierno boliviano, contribuyeron a agravar la crisis en las relaciones con el país del norte. Sería bueno que el actual régimen no vuelva a incurrir en ellas.
domingo, 8 de noviembre de 2009
A 20 años de la caída del Muro de Berlín
Aunque el Muro de Berlín dejó de existir, los ladrillos con los que fue construido están todavía intactos y disponibles
El 9 de noviembre de noviembre de 1989, hace ya veinte años, la humanidad fue testigo de uno de los acontecimientos más notables de la historia. En muy pocas pero muy intensas horas, el pueblo alemán puso fin a más 72 años de un proceso que se inició con la revolución rusa de 1917.
Aún hoy, pese al tiempo transcurrido, no deja de sorprender y admirar la facilidad con que se desmoronó el muro de Berlín y con él un conjunto de regímenes dictatoriales que dominaban gran parte del mundo y hasta poco antes de ese día parecían inconmovibles. Lo que ocurrió en Berlín es algo que todavía no ha terminado de ser asimilado y corresponde a todos los pueblos del mundo –entre ellos el nuestro—asimilar las muchas lecciones que dejó.
Como lo relata uno de los más importantes testigos de esa jornada, en un artículo que se publica en esta misma página, una sola palabra sintetizó el espíritu que animó a quines ese día escribieron una de las más hermosas páginas de la historia del siglo XX. ============ “¡¡¡¡Freiheit, freihei, freihet!!!” ============= (“¡¡¡¡Libertad, libertad, libertad!!!!)” coreaban los millones de alemanes del Este que durante décadas habían vivido bajo un régimen de terror.
Fue tan contundente y elocuente la fuerza con que ese ideal produjo la caída de los regímenes comunistas europeos, como una fila de fichas de dominó, que una ola de optimismo se apoderó de quienes vieron en ese acontecimiento el triunfo final de la libertad sobre cualquier forma de tiranía.
Desgraciadamente, veinte años después, hay motivos para temer que esas esperanzas eran exageradas. Es que si bien la caída del muro de Berlín significó la recuperación de la libertad y la democracia para varios cientos de millones de personas, no fue suficiente para evitar que casi la mitad de la población mundial siga hoy viviendo bajo regímenes que niegan a sus pueblos las más elementales libertades.
Mil doscientos millones de chinos continúan sometidos a la dictadura del Partido Comunista que gobierna ese país. Otros tantos súbditos de países regidos por regímenes islámicos están en la misma condición. Las dictaduras de Cuba y Corea del Norte han logrado sobrevivir al colapso del estalinismo soviético y gran parte del continente africano está todavía en manos de déspotas como Robert Mugabe, en Zimbabwe, u Omar al Bashir en Sudán.
Pero aún más paradójico es que son muchos los pueblos del mundo, entre los que el nuestro ocupa un lugar destacado, que con todo entusiasmo se encaminan en el sentido opuesto del camino que se abrió en Berlín hace veinte años. La tentación totalitaria, que ve en regímenes como el de los hermanos Castro en Cuba un modelo digno de ser imitado, tiene aún muchos más seguidores de los que a la luz de la experiencia histórica cabría suponer y esperar.
Lo que está ocurriendo en Bolivia es un ejemplo de lo dicho. Muestra que aunque el Muro de Berlín dejó de existir, los ladrillos con los que fue construido están intactos y disponibles para quienes le tienen miedo a la libertad.
El 9 de noviembre de noviembre de 1989, hace ya veinte años, la humanidad fue testigo de uno de los acontecimientos más notables de la historia. En muy pocas pero muy intensas horas, el pueblo alemán puso fin a más 72 años de un proceso que se inició con la revolución rusa de 1917.
Aún hoy, pese al tiempo transcurrido, no deja de sorprender y admirar la facilidad con que se desmoronó el muro de Berlín y con él un conjunto de regímenes dictatoriales que dominaban gran parte del mundo y hasta poco antes de ese día parecían inconmovibles. Lo que ocurrió en Berlín es algo que todavía no ha terminado de ser asimilado y corresponde a todos los pueblos del mundo –entre ellos el nuestro—asimilar las muchas lecciones que dejó.
Como lo relata uno de los más importantes testigos de esa jornada, en un artículo que se publica en esta misma página, una sola palabra sintetizó el espíritu que animó a quines ese día escribieron una de las más hermosas páginas de la historia del siglo XX. ============ “¡¡¡¡Freiheit, freihei, freihet!!!” ============= (“¡¡¡¡Libertad, libertad, libertad!!!!)” coreaban los millones de alemanes del Este que durante décadas habían vivido bajo un régimen de terror.
Fue tan contundente y elocuente la fuerza con que ese ideal produjo la caída de los regímenes comunistas europeos, como una fila de fichas de dominó, que una ola de optimismo se apoderó de quienes vieron en ese acontecimiento el triunfo final de la libertad sobre cualquier forma de tiranía.
Desgraciadamente, veinte años después, hay motivos para temer que esas esperanzas eran exageradas. Es que si bien la caída del muro de Berlín significó la recuperación de la libertad y la democracia para varios cientos de millones de personas, no fue suficiente para evitar que casi la mitad de la población mundial siga hoy viviendo bajo regímenes que niegan a sus pueblos las más elementales libertades.
Mil doscientos millones de chinos continúan sometidos a la dictadura del Partido Comunista que gobierna ese país. Otros tantos súbditos de países regidos por regímenes islámicos están en la misma condición. Las dictaduras de Cuba y Corea del Norte han logrado sobrevivir al colapso del estalinismo soviético y gran parte del continente africano está todavía en manos de déspotas como Robert Mugabe, en Zimbabwe, u Omar al Bashir en Sudán.
Pero aún más paradójico es que son muchos los pueblos del mundo, entre los que el nuestro ocupa un lugar destacado, que con todo entusiasmo se encaminan en el sentido opuesto del camino que se abrió en Berlín hace veinte años. La tentación totalitaria, que ve en regímenes como el de los hermanos Castro en Cuba un modelo digno de ser imitado, tiene aún muchos más seguidores de los que a la luz de la experiencia histórica cabría suponer y esperar.
Lo que está ocurriendo en Bolivia es un ejemplo de lo dicho. Muestra que aunque el Muro de Berlín dejó de existir, los ladrillos con los que fue construido están intactos y disponibles para quienes le tienen miedo a la libertad.
sábado, 7 de noviembre de 2009
La omisión de los grandes temas
Es tan absoluto el silencio sobre los temas más importantes para el futuro económico y político de nuestro país, que sólo se puede suponer que todos están muy conformes con la situación actual
Una de las características más notables del proceso electoral en curso es la absoluta y total omisión de los temas más importantes para el presente y el futuro de nuestro país, en la que incurren de manera coincidente todos los candidatos, sin ninguna excepción.
La política hidrocarburífera, la nueva Constitución Política del Estado y las muchas modificaciones que requiere de manera ineludible, las decenas de leyes que deberán ser discutidas en cuanto se instale la nueva Asamblea Legislativa Plurionacional son, entre muchos otros, algunos asuntos sobre los que la propuesta de quienes aspiran a gobernar o a ocupar un curul durante los próximos cinco años, es un verdadero misterio. Un misterio insondable, pues ni siquiera ofrecen alguna pista que permita deducir lo que se proponen hacer al respecto, sea como gobernantes o como opositores.
Entre los temas ausentes, probablemente ninguno es más llamativo que el relativo a los hidrocarburos. Aunque es por demás evidente que se trata de la piedra angular de la economía nacional, y que cuanto se haga o deje de hacer al respecto tendrá hondísimas consecuencias sobre nuestro futuro, los candidatos actúan como si el problema no existiera.
Que el gobierno ponga sus mejores empeños para evitar que el tema forme parte de la agenda informativa en estos días de proselitismo, es comprensible. No podía ser de otro modo, pues son tan catastróficos los resultados arrojados por la “nacionalización”, que cuanto menos se hable del asunto, mejor.
Muy grave sería para las expectativas electorales del oficialismo que en vez de centrarse en los quejidos victimistas inspirados por los problemas legales de los dos principales candidatos del Plan Progreso, las campañas giraran alrededor de los muchísimos puntos débiles del gobierno, entre los que se destaca el de la “nacionalización” y sus frutos.
Pero como no hay quién se ocupe de dar batalla ideológica o programática, el Ministro del área puede reconocer, por ejemplo, sin que nadie le preste atención, que la pérdida de mercados para el gas está obligando a las empresas productoras a dirigir sus mejores esfuerzos hacia la disminución de los volúmenes producidos. En pocos años Bolivia a pasado de ser el potencial centro energético continental a un rincón marginal; los países vecinos están haciendo grandes inversiones para poder prescindir totalmente de nuestro gas durante los próximos años, pero eso no parece merecer la atención de nadie.
Que el descenso de las exportaciones venga aparejado de la disminución de nuestra capacidad para producir hidrocarburos líquidos, lo que obliga a destinar cada vez más recursos a la importación de carburantes, resulta también asunto secundario ante las tribulaciones legales de algunos candidatos.
Similar es el caso de la nueva Constitución Política del Estado vigente. Son tantas las contradicciones que contiene, tantas las fallas reconocidas incluso por sus autores, que resulta inevitable que durante la próxima legislatura deba ser sometida a profundas modificaciones. Pero es también tan absoluto el silencio sobre este asunto, que sólo se puede suponer que todos están muy conformes con el texto actual y no tienen nada que objetar.
Una de las características más notables del proceso electoral en curso es la absoluta y total omisión de los temas más importantes para el presente y el futuro de nuestro país, en la que incurren de manera coincidente todos los candidatos, sin ninguna excepción.
La política hidrocarburífera, la nueva Constitución Política del Estado y las muchas modificaciones que requiere de manera ineludible, las decenas de leyes que deberán ser discutidas en cuanto se instale la nueva Asamblea Legislativa Plurionacional son, entre muchos otros, algunos asuntos sobre los que la propuesta de quienes aspiran a gobernar o a ocupar un curul durante los próximos cinco años, es un verdadero misterio. Un misterio insondable, pues ni siquiera ofrecen alguna pista que permita deducir lo que se proponen hacer al respecto, sea como gobernantes o como opositores.
Entre los temas ausentes, probablemente ninguno es más llamativo que el relativo a los hidrocarburos. Aunque es por demás evidente que se trata de la piedra angular de la economía nacional, y que cuanto se haga o deje de hacer al respecto tendrá hondísimas consecuencias sobre nuestro futuro, los candidatos actúan como si el problema no existiera.
Que el gobierno ponga sus mejores empeños para evitar que el tema forme parte de la agenda informativa en estos días de proselitismo, es comprensible. No podía ser de otro modo, pues son tan catastróficos los resultados arrojados por la “nacionalización”, que cuanto menos se hable del asunto, mejor.
Muy grave sería para las expectativas electorales del oficialismo que en vez de centrarse en los quejidos victimistas inspirados por los problemas legales de los dos principales candidatos del Plan Progreso, las campañas giraran alrededor de los muchísimos puntos débiles del gobierno, entre los que se destaca el de la “nacionalización” y sus frutos.
Pero como no hay quién se ocupe de dar batalla ideológica o programática, el Ministro del área puede reconocer, por ejemplo, sin que nadie le preste atención, que la pérdida de mercados para el gas está obligando a las empresas productoras a dirigir sus mejores esfuerzos hacia la disminución de los volúmenes producidos. En pocos años Bolivia a pasado de ser el potencial centro energético continental a un rincón marginal; los países vecinos están haciendo grandes inversiones para poder prescindir totalmente de nuestro gas durante los próximos años, pero eso no parece merecer la atención de nadie.
Que el descenso de las exportaciones venga aparejado de la disminución de nuestra capacidad para producir hidrocarburos líquidos, lo que obliga a destinar cada vez más recursos a la importación de carburantes, resulta también asunto secundario ante las tribulaciones legales de algunos candidatos.
Similar es el caso de la nueva Constitución Política del Estado vigente. Son tantas las contradicciones que contiene, tantas las fallas reconocidas incluso por sus autores, que resulta inevitable que durante la próxima legislatura deba ser sometida a profundas modificaciones. Pero es también tan absoluto el silencio sobre este asunto, que sólo se puede suponer que todos están muy conformes con el texto actual y no tienen nada que objetar.
Etiquetas:
Hidrocarburos,
Nacionalización,
Proceso electoral
viernes, 6 de noviembre de 2009
El MAS, a la conquista del último bastión
Entre la eficiencia del MAS y la ineptitud des rivales, están escribiendo las próximas páginas de la historia de nuestro país
Hace unos días, al referirnos en este espacio editorial a la cada vez más desigual correlación de fuerzas que caracteriza al actual proceso electoral, decíamos que eran claramente visibles dos tendencias. “Primero, que el MAS tiene el control prácticamente total de la iniciativa política y tiene con toda claridad delineado no uno, sino dos planes de acción. Y los ejecuta con gran eficiencia. Y segundo, que la oposición, en las dos principales fracciones en que está dividida, el Plan Progreso y Unidad Nacional, no logra ponerse a la altura del reto que tiene al frente.
“Por lo que se ve, la fórmula oficialista tiene un plan diseñado para las regiones del país donde su hegemonía no está en discusión y otro, muy distinto, que guía sus actos allá donde aún no ha logrado imponerse con tanta rotundez”, decíamos. En efecto, los más recientes actos de la campaña oficialista han dado clarísimas muestras de esa doble estrategia, ante la que la oposición no atina a reaccionar.
Una muestra de lo primero son las agresiones que los grupos de choque del MAS ejercen contra quienes tímidamente intentan hacer campaña en “su” territorio. Por “su” territorio, se entienden prácticamente todas las provincias de los departamentos altiplánicos y de los valles, así como barrios íntegros de las principales ciudades.
Ejemplos de lo segundo han comenzado a abundar durante los últimos días. Tanto, que según recientes reportes de prensa, el Comité pro Santa Cruz es la única entidad de la “institucionalidad” cruceña que no fue “perforada” por el Movimiento Al Socialismo (MAS), que selló nueve alianzas con unionistas, barras brava, universitarios, ex funcionarios prefecturales, y anteayer firmó un acuerdo con los agropecuarios del norte cruceño.
El más reciente e importante de los frutos obtenidos por el MAS es e convenio suscrito en Montero con la Federación de Agropecuarios del Norte del Departamento de Santa Cruz, que se unió al partido oficialista para realizar campaña por la reelección del presidente Evo Morales.
Pero no es sólo en Santa Cruz donde ese plan de acción se desarrolla con notable éxito. En el Beni, el martes pasado, el MAS logró acuerdos con dos bloques del movimiento cívico de ese departamento, muchos de cuyos principales dirigentes decidieron pasar a engrosar las filas del oficialismo.
Ya antes, algo similar ocurrió en Tarija donde incluso uno de los más prominentes diputados de lo que fue Podemos puso a su agrupación ciudadana al servicio de la campaña del MAS. El caso de Pando, que por ser “el eslabón más débil” es donde se inició la “conquista de la Media Luna”, tiene características diferentes, pero los resultados son los mismos.
Pero tan o más notable que la eficiencia con que el oficialismo avanza hacia el objetivo de lograr dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional, es la absoluta y total parálisis en la que está sumida la oposición. Arrinconada, siempre a la defensiva, sin iniciativas, sin liderazgos, sin ideas, sin saber qué decir cuando tienen la oportunidad de dirigirse a sus potenciales electores, la oposición contribuye en no poca a que el MAS logre cuanto se propone.
Así, entre el MAS y sus oponentes están escribiendo las próximas páginas de la historia de nuestro país.
Hace unos días, al referirnos en este espacio editorial a la cada vez más desigual correlación de fuerzas que caracteriza al actual proceso electoral, decíamos que eran claramente visibles dos tendencias. “Primero, que el MAS tiene el control prácticamente total de la iniciativa política y tiene con toda claridad delineado no uno, sino dos planes de acción. Y los ejecuta con gran eficiencia. Y segundo, que la oposición, en las dos principales fracciones en que está dividida, el Plan Progreso y Unidad Nacional, no logra ponerse a la altura del reto que tiene al frente.
“Por lo que se ve, la fórmula oficialista tiene un plan diseñado para las regiones del país donde su hegemonía no está en discusión y otro, muy distinto, que guía sus actos allá donde aún no ha logrado imponerse con tanta rotundez”, decíamos. En efecto, los más recientes actos de la campaña oficialista han dado clarísimas muestras de esa doble estrategia, ante la que la oposición no atina a reaccionar.
Una muestra de lo primero son las agresiones que los grupos de choque del MAS ejercen contra quienes tímidamente intentan hacer campaña en “su” territorio. Por “su” territorio, se entienden prácticamente todas las provincias de los departamentos altiplánicos y de los valles, así como barrios íntegros de las principales ciudades.
Ejemplos de lo segundo han comenzado a abundar durante los últimos días. Tanto, que según recientes reportes de prensa, el Comité pro Santa Cruz es la única entidad de la “institucionalidad” cruceña que no fue “perforada” por el Movimiento Al Socialismo (MAS), que selló nueve alianzas con unionistas, barras brava, universitarios, ex funcionarios prefecturales, y anteayer firmó un acuerdo con los agropecuarios del norte cruceño.
El más reciente e importante de los frutos obtenidos por el MAS es e convenio suscrito en Montero con la Federación de Agropecuarios del Norte del Departamento de Santa Cruz, que se unió al partido oficialista para realizar campaña por la reelección del presidente Evo Morales.
Pero no es sólo en Santa Cruz donde ese plan de acción se desarrolla con notable éxito. En el Beni, el martes pasado, el MAS logró acuerdos con dos bloques del movimiento cívico de ese departamento, muchos de cuyos principales dirigentes decidieron pasar a engrosar las filas del oficialismo.
Ya antes, algo similar ocurrió en Tarija donde incluso uno de los más prominentes diputados de lo que fue Podemos puso a su agrupación ciudadana al servicio de la campaña del MAS. El caso de Pando, que por ser “el eslabón más débil” es donde se inició la “conquista de la Media Luna”, tiene características diferentes, pero los resultados son los mismos.
Pero tan o más notable que la eficiencia con que el oficialismo avanza hacia el objetivo de lograr dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional, es la absoluta y total parálisis en la que está sumida la oposición. Arrinconada, siempre a la defensiva, sin iniciativas, sin liderazgos, sin ideas, sin saber qué decir cuando tienen la oportunidad de dirigirse a sus potenciales electores, la oposición contribuye en no poca a que el MAS logre cuanto se propone.
Así, entre el MAS y sus oponentes están escribiendo las próximas páginas de la historia de nuestro país.
Etiquetas:
Gobierno del MAS,
Oposición,
Proceso electoral
jueves, 5 de noviembre de 2009
El “caso Rozsa” y la intervención externa
Aunque opacado en medio de otras quejas pueriles, tan propias de la oposición boliviana, es plausible que el “Caso Rozsa” haya llegado por fin a instancias internacionales
Casi siete meses después de que durante un operativo policial fueran fríamente asesinados unos mercenarios supuestamente involucrados en actos terroristas y separatistas, por fin el asunto ha llegado a las instancias internacionales, en cuyas manos desde un principio debieron ser puestas las investigaciones.
Infructuosamente, desde este espacio editorial, hemos venido insistiendo durante los últimos meses en la urgente necesidad de que así se proceda. Ya el 21 de abril, bajo el título de “Urgente intervención externa”, afirmábamos que “estamos ante un hecho cuya importancia trasciende los límites de la política interna. Al estar involucrados ciudadanos extranjeros vinculados con organizaciones de alcance internacional, resulta necesario que en las investigaciones se involucren organismos especializados en la lucha contra el terrorismo también de carácter internacional”.
Más adelante, sosteníamos que “Siendo tantas las dudas que se ciernen sobre la manera como el gobierno ha encarado el asunto (…) la intervención de organismos internacionales especializados es, sin duda, la mejor opción”.
Al día siguiente, el 22 de abril, decíamos: “sólo cabe insistir en la urgencia de que se agilice la llegada al país de agentes de la Interpol y de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los organismos internacionales, como la ONU y la OEA, no pueden ni deben soslayar su responsabilidad pues la magnitud de este caso es demasiado grande para dejarla sólo en manos del gobierno nacional”.
Posteriormente, el 26 del mismo mes, sosteníamos que “Está por demás comprobado que el asunto es demasiado serio para dejarlo en manos de los aparatos represivos del Estado. ¿Qué está esperando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para cumplir su deber? ¿Por qué no interviene la Interpol?”, nos preguntábamos.
Días después, el 7 de mayo, “Investigaciones mal encaminadas” titulaba este espacio, y en él afirmábamos: “El asunto, de por sí grave, lo es mucho más si se considera que, como no es difícil prever, sus consecuencias políticas serán enormes y tarde o temprano darán serios motivos de preocupación a los organismos internacionales encargados de velar por la paz, el respeto de los derechos humanos y la preservación del imperio de la ley. Cuanto más tarden en asumir un papel activo más difícil será rectificar un proceso que a medida que avanza multiplica los motivos para los malos augurios”.
Y el 18 del mismo mes insistíamos: “Hay abundantes motivos para suponer que la magnitud y complejidad del embrollo supera con mucho los estrechos límites de las pugnas políticas bolivianas. Razón más que suficiente para insistir en la necesidad y conveniencia de que en las investigaciones se involucren organismos internacionales. Si hay algo claro, es que ni el oficialismo ni la oposición están a la altura de un caso que trasciende nuestras fronteras”.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de expresar nuestra satisfacción porque por fin, aunque con tanta demora, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ingrese a un escenario del que nunca debió estar ausente. Y si bien es lamentable que un asunto tan serio como el “Caso Rozsa” resulte opacado en medio de otras quejas pueriles, tan propias de la oposición boliviana, es sin duda un buen paso en la dirección correcta.
Casi siete meses después de que durante un operativo policial fueran fríamente asesinados unos mercenarios supuestamente involucrados en actos terroristas y separatistas, por fin el asunto ha llegado a las instancias internacionales, en cuyas manos desde un principio debieron ser puestas las investigaciones.
Infructuosamente, desde este espacio editorial, hemos venido insistiendo durante los últimos meses en la urgente necesidad de que así se proceda. Ya el 21 de abril, bajo el título de “Urgente intervención externa”, afirmábamos que “estamos ante un hecho cuya importancia trasciende los límites de la política interna. Al estar involucrados ciudadanos extranjeros vinculados con organizaciones de alcance internacional, resulta necesario que en las investigaciones se involucren organismos especializados en la lucha contra el terrorismo también de carácter internacional”.
Más adelante, sosteníamos que “Siendo tantas las dudas que se ciernen sobre la manera como el gobierno ha encarado el asunto (…) la intervención de organismos internacionales especializados es, sin duda, la mejor opción”.
Al día siguiente, el 22 de abril, decíamos: “sólo cabe insistir en la urgencia de que se agilice la llegada al país de agentes de la Interpol y de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los organismos internacionales, como la ONU y la OEA, no pueden ni deben soslayar su responsabilidad pues la magnitud de este caso es demasiado grande para dejarla sólo en manos del gobierno nacional”.
Posteriormente, el 26 del mismo mes, sosteníamos que “Está por demás comprobado que el asunto es demasiado serio para dejarlo en manos de los aparatos represivos del Estado. ¿Qué está esperando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para cumplir su deber? ¿Por qué no interviene la Interpol?”, nos preguntábamos.
Días después, el 7 de mayo, “Investigaciones mal encaminadas” titulaba este espacio, y en él afirmábamos: “El asunto, de por sí grave, lo es mucho más si se considera que, como no es difícil prever, sus consecuencias políticas serán enormes y tarde o temprano darán serios motivos de preocupación a los organismos internacionales encargados de velar por la paz, el respeto de los derechos humanos y la preservación del imperio de la ley. Cuanto más tarden en asumir un papel activo más difícil será rectificar un proceso que a medida que avanza multiplica los motivos para los malos augurios”.
Y el 18 del mismo mes insistíamos: “Hay abundantes motivos para suponer que la magnitud y complejidad del embrollo supera con mucho los estrechos límites de las pugnas políticas bolivianas. Razón más que suficiente para insistir en la necesidad y conveniencia de que en las investigaciones se involucren organismos internacionales. Si hay algo claro, es que ni el oficialismo ni la oposición están a la altura de un caso que trasciende nuestras fronteras”.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de expresar nuestra satisfacción porque por fin, aunque con tanta demora, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ingrese a un escenario del que nunca debió estar ausente. Y si bien es lamentable que un asunto tan serio como el “Caso Rozsa” resulte opacado en medio de otras quejas pueriles, tan propias de la oposición boliviana, es sin duda un buen paso en la dirección correcta.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
La violencia, protagonista de las campañas
A diferencia de épocas anteriores, la violencia política es hoy parte fundamental de las campañas. La alimentan tanto los que la ejercen como los que la sufren
Desde hace muchos meses, antes incluso de que se inicie el proceso electoral que está ya ingresando a su etapa final, se sabía que la violencia, la intolerancia, las agresiones verbales entre los diferentes candidatos, y las agresiones físicas entre sus seguidores, serían una de sus principales características.
Había, y hay, dos razones que explican que así sea. Una de ellas es tan antigua como la historia política de nuestro país. Como es fácil recordar, siempre fue así. Movimientistas que agredían a miristas y adenistas; adenistas que destrozaban la publicidad de todos sus rivales; miristas que agredían a eneferistas y viceversa… y así fue siempre, hasta donde la memoria alcanza a recordar. Es un rasgo de nuestra débil cultura democrática que no tiene nada de nuevo, por lo que no hay porqué sorprenderse si este proceso electoral está también contaminado por tan deplorable manera de actuar.
Hay, sin embargo, en el caso presente, un factor adicional que se suma y agrava el que se arrastra desde siempre. Es que, a diferencia de épocas anteriores, ahora la violencia y la agresión contra los rivales es franca y abiertamente alentada por quienes conducen la campaña electoral del oficialismo. Han sido importantes dirigentes de los “movimientos sociales” que respaldan al Movimiento al Socialismo los que abiertamente instruido a sus bases para que actúen con máximo rigor para evitar que los candidatos de la oposición hagan campaña en “su” territorio. Y lo han hecho con tanta eficiencia que en gran parte del territorio nacional está impunemente vedada cualquier actividad política que no sea la del oficialismo.
Una segunda característica de los brotes de violencia que empañan el actual proceso electoral es que se prestan muy bien a lo que ha sido adoptado como el eje principal de la campaña de una de las dos principales fórmulas opositoras. Se trata del victimismo, que consiste en magnificar cuanto hecho se adecue a su afán de presentarse como víctimas de un complot al que atribuyen todas sus propias falencias.
En ese contexto se explica, aunque de ningún modo se justifica, la actitud de seguidores del MAS que a lo largo y ancho del país cumplen disciplinadamente las órdenes recibidas. Los grupos de choque organizados con la expresa misión de evitar que sus rivales hagan campaña electoral es sólo la manifestación más visible de esa forma de actuar, pero no la única. Las amenazas contra quien alquile ambientes para casas de campaña, contra quien exhiba afiches, banderas, o cualquier otro símbolo de los opositores, son otras, entre muchas formas de ejercer violencia e intolerancia.
Tal situación pone en evidente desventaja a los candidatos de la oposición. Pero no es el único factor, ni siquiera el principal, que explica las dificultades que tienen para encarar el desafío que tienen al frente. La falta de ideas, de un plan de acción, de liderazgos y de organización son mucho más perjudiciales.
Por eso, que los estrategas del Plan Progreso continúen desperdiciando los pocos recursos, el poco tiempo y energías que tienen sólo en formar coros quejumbrosos con la esperanza de inspirar una estéril conmiseración, en vez de dar las muestras de aplomo que exigen las circunstancias, es uno de esos errores que en la lucha política tienen alto precio.
Desde hace muchos meses, antes incluso de que se inicie el proceso electoral que está ya ingresando a su etapa final, se sabía que la violencia, la intolerancia, las agresiones verbales entre los diferentes candidatos, y las agresiones físicas entre sus seguidores, serían una de sus principales características.
Había, y hay, dos razones que explican que así sea. Una de ellas es tan antigua como la historia política de nuestro país. Como es fácil recordar, siempre fue así. Movimientistas que agredían a miristas y adenistas; adenistas que destrozaban la publicidad de todos sus rivales; miristas que agredían a eneferistas y viceversa… y así fue siempre, hasta donde la memoria alcanza a recordar. Es un rasgo de nuestra débil cultura democrática que no tiene nada de nuevo, por lo que no hay porqué sorprenderse si este proceso electoral está también contaminado por tan deplorable manera de actuar.
Hay, sin embargo, en el caso presente, un factor adicional que se suma y agrava el que se arrastra desde siempre. Es que, a diferencia de épocas anteriores, ahora la violencia y la agresión contra los rivales es franca y abiertamente alentada por quienes conducen la campaña electoral del oficialismo. Han sido importantes dirigentes de los “movimientos sociales” que respaldan al Movimiento al Socialismo los que abiertamente instruido a sus bases para que actúen con máximo rigor para evitar que los candidatos de la oposición hagan campaña en “su” territorio. Y lo han hecho con tanta eficiencia que en gran parte del territorio nacional está impunemente vedada cualquier actividad política que no sea la del oficialismo.
Una segunda característica de los brotes de violencia que empañan el actual proceso electoral es que se prestan muy bien a lo que ha sido adoptado como el eje principal de la campaña de una de las dos principales fórmulas opositoras. Se trata del victimismo, que consiste en magnificar cuanto hecho se adecue a su afán de presentarse como víctimas de un complot al que atribuyen todas sus propias falencias.
En ese contexto se explica, aunque de ningún modo se justifica, la actitud de seguidores del MAS que a lo largo y ancho del país cumplen disciplinadamente las órdenes recibidas. Los grupos de choque organizados con la expresa misión de evitar que sus rivales hagan campaña electoral es sólo la manifestación más visible de esa forma de actuar, pero no la única. Las amenazas contra quien alquile ambientes para casas de campaña, contra quien exhiba afiches, banderas, o cualquier otro símbolo de los opositores, son otras, entre muchas formas de ejercer violencia e intolerancia.
Tal situación pone en evidente desventaja a los candidatos de la oposición. Pero no es el único factor, ni siquiera el principal, que explica las dificultades que tienen para encarar el desafío que tienen al frente. La falta de ideas, de un plan de acción, de liderazgos y de organización son mucho más perjudiciales.
Por eso, que los estrategas del Plan Progreso continúen desperdiciando los pocos recursos, el poco tiempo y energías que tienen sólo en formar coros quejumbrosos con la esperanza de inspirar una estéril conmiseración, en vez de dar las muestras de aplomo que exigen las circunstancias, es uno de esos errores que en la lucha política tienen alto precio.
Etiquetas:
Gobierno del MAS,
Movimientos sociales,
Plan Progreso,
Proceso electoral
martes, 3 de noviembre de 2009
Copenhague en medio del escepticismo
Hasta ahora, las declaraciones líricas de buenas intenciones abundan, pero escasean en cambio las decisiones necesarias para que se plasmen en hechos concretos
Cuando ya son sólo 35 los días que nos separan de la inauguración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que los líderes del mundo se reunirán en Copenhague para intentar alcanzar un acuerdo contra ese fenómeno, las esperanzas poco a poco van disipándose y crece el temor de que quienes se oponen a la adopción de las drásticas medidas necesarias logren, finalmente, imponerse.
La posibilidad de que la cumbre de Copenhague concluya con una enorme frustración resulta a primera vista incomprensible, pues con muy pocas excepciones, la inmensa mayoría de los países miembros de la comunidad internacional están de acuerdo sobre los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático y la urgencia de frenarlo.
A pesar de ello, a medida que las negociaciones preparatorias avanzan, todo parece indicar que no hay que hacerse muchas ilusiones con lo que pasará entre el 7 y 3l 18 de diciembre. Hace unos días, por ejemplo, después de insistir durante meses en la urgente necesidad de alcanzar un pacto vinculante en la capital danesa, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha reconocido la dificultad de lograrlo. Ha comenzado a tomar fuerza, por eso, la idea de que la cumbre no será el fin de un proceso, sino sólo el inicio de otro que mantendrá ocupados a los negociadores durante los próximos meses.
Los obstáculos que aún no han podido ser despejados, son muchos y muy grandes. Entre ellos, el principal sigue siendo la reticencia estadounidense. Es que además de que ese país es el principal causante de las emisiones de gases de efecto invernadero, muchos países desarrollados se niegan a asumir compromisos si antes Estados Unidos no se suma al esfuerzo global.
Y la posibilidad de que eso ocurra se aleja a medida que pasan los días, pues pese a los muchos esfuerzos que hace Barack Obama, no logra doblegar la resistencia de los legisladores republicanos, y algunos demócratas, que se niegan a aprobar la ley ambiental que tienen entre manos.
Un segundo obstáculo es el abultado presupuesto que se requiere para mitigar los efectos del cambio climático en los países más pobres del mundo y para que éstos puedan adaptarse a los mismos. Según cálculos hechos por expertos de la Unión Europea, para ello se requieren unos 100 mil millones de euros anuales, hasta el año 2020. Un costo que en los hechos nadie está dispuesto a asumir, aunque todos se declaran dispuestos “a asumir su parte justa del esfuerzo mundial".
Los representantes de los países pobres, mientras tanto, mantienen una posición monolítica alrededor de una demanda común: que las economías más desarrolladas aporten en la misma proporción en que han contribuido al deterioro ambiental del planeta.
Hasta ahora, las declaraciones líricas de buenas intenciones abundan, pero escasean en cambio las decisiones necesarias para que se plasmen en hechos concretos.
Ante ese panorama, las pocas esperanzas que quedan en pie dependen de que Obama logre, si no llegar a Copenhague con la ley que respalde su iniciativa, aprobar una serie de decretos que le den un margen de acción suficiente para que su país deje de ser, como en Kyoto, el mayor estorbo, y se convierta más bien en el líder de una causa urgente.
Cuando ya son sólo 35 los días que nos separan de la inauguración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que los líderes del mundo se reunirán en Copenhague para intentar alcanzar un acuerdo contra ese fenómeno, las esperanzas poco a poco van disipándose y crece el temor de que quienes se oponen a la adopción de las drásticas medidas necesarias logren, finalmente, imponerse.
La posibilidad de que la cumbre de Copenhague concluya con una enorme frustración resulta a primera vista incomprensible, pues con muy pocas excepciones, la inmensa mayoría de los países miembros de la comunidad internacional están de acuerdo sobre los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático y la urgencia de frenarlo.
A pesar de ello, a medida que las negociaciones preparatorias avanzan, todo parece indicar que no hay que hacerse muchas ilusiones con lo que pasará entre el 7 y 3l 18 de diciembre. Hace unos días, por ejemplo, después de insistir durante meses en la urgente necesidad de alcanzar un pacto vinculante en la capital danesa, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha reconocido la dificultad de lograrlo. Ha comenzado a tomar fuerza, por eso, la idea de que la cumbre no será el fin de un proceso, sino sólo el inicio de otro que mantendrá ocupados a los negociadores durante los próximos meses.
Los obstáculos que aún no han podido ser despejados, son muchos y muy grandes. Entre ellos, el principal sigue siendo la reticencia estadounidense. Es que además de que ese país es el principal causante de las emisiones de gases de efecto invernadero, muchos países desarrollados se niegan a asumir compromisos si antes Estados Unidos no se suma al esfuerzo global.
Y la posibilidad de que eso ocurra se aleja a medida que pasan los días, pues pese a los muchos esfuerzos que hace Barack Obama, no logra doblegar la resistencia de los legisladores republicanos, y algunos demócratas, que se niegan a aprobar la ley ambiental que tienen entre manos.
Un segundo obstáculo es el abultado presupuesto que se requiere para mitigar los efectos del cambio climático en los países más pobres del mundo y para que éstos puedan adaptarse a los mismos. Según cálculos hechos por expertos de la Unión Europea, para ello se requieren unos 100 mil millones de euros anuales, hasta el año 2020. Un costo que en los hechos nadie está dispuesto a asumir, aunque todos se declaran dispuestos “a asumir su parte justa del esfuerzo mundial".
Los representantes de los países pobres, mientras tanto, mantienen una posición monolítica alrededor de una demanda común: que las economías más desarrolladas aporten en la misma proporción en que han contribuido al deterioro ambiental del planeta.
Hasta ahora, las declaraciones líricas de buenas intenciones abundan, pero escasean en cambio las decisiones necesarias para que se plasmen en hechos concretos.
Ante ese panorama, las pocas esperanzas que quedan en pie dependen de que Obama logre, si no llegar a Copenhague con la ley que respalde su iniciativa, aprobar una serie de decretos que le den un margen de acción suficiente para que su país deje de ser, como en Kyoto, el mayor estorbo, y se convierta más bien en el líder de una causa urgente.
Etiquetas:
Cambio climático,
Cumbre de Copenhague
lunes, 2 de noviembre de 2009
El incendiario del continente
Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso
Nunca antes como ahora, sin contar los sangrientos y dolorosos conflictos bélicos que registra la historia contemporánea, se había instalado un peligroso clima de efervescencia en nuestra América morena, sin que nada bueno haga presagiar la situación planteada, con síntomas marcados de empeoramiento.
Uno de los artífices del estado de crispación continental es, sin lugar a dudas, ese personaje con veleidades de libertador, de salvador universal que es Hugo Chávez Frías, presidente de la fraterna Venezuela digna de mejor ventura, que para mayores señales no hace mucho advirtió con generar hasta tres "vietnams" en Bolivia si el Presidente del Estado Plurinacional era derrocado, en una clara e inadmisible injerencia en los asuntos internos del país. En una grosera demostración de su músculo y de su vocación de matón.
Últimamente, se han disparado las tensiones entre Venezuela y Colombia, luego de la matanza de ocho ciudadanos colombianos por un grupo armado irregular en territorio venezolano. Las relaciones de ambas naciones ya se habían tensado y deteriorado a raíz de la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia, duramente cuestionada por Chávez y otros mandatarios que le siguen la corriente, entre ellos el nuestro. Otros hechos recientes que atirantan la relación bilateral tienen que ver con la captura de efectivos de seguridad colombianos a los que Venezuela acusa de labores de espionaje y planes de desestabilizar el tonante Gobierno de Chávez.
Poco antes, con su ya habitual incontinencia verbal, Chávez tildó de "retardado mental" al ministro de Defensa colombiano después de que éste expresara su preocupación por vuelos relacionados con el narcotráfico supuestamente con origen en Venezuela y utilizando el espacio aéreo de Colombia. Lo último de su sello, es la nueva andanada verbal contra el "imperio" al que maldijo una y otra vez a tiempo de criticar una resolución presentada al Congreso estadounidense para que el gobierno del presidente Barack Obama incluya a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso, dueño omnipotente de las llaves de un mundo que cree tener a su merced en el puño.
Y no es sólo que poco le importe sino que más bien da la impresión de que le incomoda tal clima de paz y de buena vecindad. ¿O por qué siempre aparece con su pata de banco demoledora dispuesto a prender el fuego de la discordia con su vozarrón marcado por la embriaguez que deriva del abuso del poder?
Un espécimen que hay que poner bajo la lupa es este gobernante que tiene sentadas sus posaderas en una nación que, por sus legítimas glorias, no se merece tal atrocidad histórica.
Sin embargo, su suerte está echada y no es para envidiarla.
Nunca antes como ahora, sin contar los sangrientos y dolorosos conflictos bélicos que registra la historia contemporánea, se había instalado un peligroso clima de efervescencia en nuestra América morena, sin que nada bueno haga presagiar la situación planteada, con síntomas marcados de empeoramiento.
Uno de los artífices del estado de crispación continental es, sin lugar a dudas, ese personaje con veleidades de libertador, de salvador universal que es Hugo Chávez Frías, presidente de la fraterna Venezuela digna de mejor ventura, que para mayores señales no hace mucho advirtió con generar hasta tres "vietnams" en Bolivia si el Presidente del Estado Plurinacional era derrocado, en una clara e inadmisible injerencia en los asuntos internos del país. En una grosera demostración de su músculo y de su vocación de matón.
Últimamente, se han disparado las tensiones entre Venezuela y Colombia, luego de la matanza de ocho ciudadanos colombianos por un grupo armado irregular en territorio venezolano. Las relaciones de ambas naciones ya se habían tensado y deteriorado a raíz de la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia, duramente cuestionada por Chávez y otros mandatarios que le siguen la corriente, entre ellos el nuestro. Otros hechos recientes que atirantan la relación bilateral tienen que ver con la captura de efectivos de seguridad colombianos a los que Venezuela acusa de labores de espionaje y planes de desestabilizar el tonante Gobierno de Chávez.
Poco antes, con su ya habitual incontinencia verbal, Chávez tildó de "retardado mental" al ministro de Defensa colombiano después de que éste expresara su preocupación por vuelos relacionados con el narcotráfico supuestamente con origen en Venezuela y utilizando el espacio aéreo de Colombia. Lo último de su sello, es la nueva andanada verbal contra el "imperio" al que maldijo una y otra vez a tiempo de criticar una resolución presentada al Congreso estadounidense para que el gobierno del presidente Barack Obama incluya a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso, dueño omnipotente de las llaves de un mundo que cree tener a su merced en el puño.
Y no es sólo que poco le importe sino que más bien da la impresión de que le incomoda tal clima de paz y de buena vecindad. ¿O por qué siempre aparece con su pata de banco demoledora dispuesto a prender el fuego de la discordia con su vozarrón marcado por la embriaguez que deriva del abuso del poder?
Un espécimen que hay que poner bajo la lupa es este gobernante que tiene sentadas sus posaderas en una nación que, por sus legítimas glorias, no se merece tal atrocidad histórica.
Sin embargo, su suerte está echada y no es para envidiarla.
Etiquetas:
Hugo Chávez,
Latinoamérica,
Venezuela
domingo, 1 de noviembre de 2009
En vísperas del final de la crisis hondureña
Honduras es , hoy por hoy, todo un símbolo de la tan antigua pugna entre la estupidez y la sensatez. Antes del jueves próximo sabremos todos cuál de esos factores es el que finalmente se impone
Cuatro meses durante los que la crisis hondureña sometió a la paciencia de la diplomacia de todo el mundo --pero especialmente la estadounidense encabezada por Hillary Clinton y dirigida por Barack Obama-- a una dura prueba, por fin se está a punto de llegar al único desenlace que cabía esperar y admitir. Micheletti se irá, y Zelaya será restituido en el puesto del que fue expulsado.
Han sido cuatro meses durante los que la comunidad internacional de manera unánime –no hubo ni una sola disidencia— se mantuvo firme en su rechazo al vergonzoso golpe de Estado del 28 de junio. Ni un solo país del mundo reconoció al oprobioso gobierno de Roberto Micheletti, con lo que se sentó un valiosísimo precedente que cierra las puertas, ojalá que definitivamente, a quienes todavía creían que en Latinoamérica se podía recurrir exitosamente a los métodos de acción política tan comunes en décadas pasadas.
Es verdad que todavía queda un paso formal, la ratificación congresal del acuerdo suscrito para viabilizar el retorno de Manuel Zelaya al gobierno para que concluya el período para el que fue elegido, pero todo parece indicar que ya nada podrá impedir que, aunque sea sólo con carácter simbólico, sea él, y no un presidente golpista, el que encabece las elecciones del 29 de noviembre próximo y el que entregue el mando a su legítimo sucesor.
Hay sin embargo todavía la posibilidad, aunque remota, de que todos quienes añoran los tiempos cuando eran los fusiles y no los votos los que dirimían las controversias políticas hagan algo para impedir, antes del jueves próximo, que los pactos promovidos por la OEA lleguen a feliz término.
La ultraderecha conservadora estadounidense, en un extremo, y los seguidores de Fidel Castro y Hugo Chávez, en el otro, recurrirán sin duda durante las próximas horas a todos los medios que aún tienen a su alcance para evitar que lo acordado se cumpla. No es casual ni sorprendente que así sea, pues ambos extremos saben que lo peor que les puede pasar es que en Honduras se imponga la racionalidad democrática.
Felizmente, no son ellos los únicos que están muy activos. El boliviano Víctor Rico, representante oficial de la OEA para supervisar el desenlace de la crisis hondureña, ha expuesto al referirse al tema, con mucha claridad, lo inconcebible que sería que el Parlamento hondureño no ratifique, antes del próximo jueves, los términos en que fue pactado el retorno de Zelaya al gobierno. Es que por primera vez en la historia de la diplomacia mundial una causa goza de tan unánime respaldo –lo que no es un pequeño detalle-- y ni la mayor de las estupideces podría insistir en desafiarla.
Desgraciadamente, la estupidez no es precisamente lo que más ha escaseado en la historia del mundo en general y de Latinoamérica en particular. Pero también, y éste parece ser el caso, la sensatez da aún motivos para mantener viva la esperanza. Honduras es por eso, hoy por hoy, todo un símbolo de esa tan antigua pugna. Antes del jueves próximo sabremos todos cuál de esos factores es el que finalmente se impone.
Cuatro meses durante los que la crisis hondureña sometió a la paciencia de la diplomacia de todo el mundo --pero especialmente la estadounidense encabezada por Hillary Clinton y dirigida por Barack Obama-- a una dura prueba, por fin se está a punto de llegar al único desenlace que cabía esperar y admitir. Micheletti se irá, y Zelaya será restituido en el puesto del que fue expulsado.
Han sido cuatro meses durante los que la comunidad internacional de manera unánime –no hubo ni una sola disidencia— se mantuvo firme en su rechazo al vergonzoso golpe de Estado del 28 de junio. Ni un solo país del mundo reconoció al oprobioso gobierno de Roberto Micheletti, con lo que se sentó un valiosísimo precedente que cierra las puertas, ojalá que definitivamente, a quienes todavía creían que en Latinoamérica se podía recurrir exitosamente a los métodos de acción política tan comunes en décadas pasadas.
Es verdad que todavía queda un paso formal, la ratificación congresal del acuerdo suscrito para viabilizar el retorno de Manuel Zelaya al gobierno para que concluya el período para el que fue elegido, pero todo parece indicar que ya nada podrá impedir que, aunque sea sólo con carácter simbólico, sea él, y no un presidente golpista, el que encabece las elecciones del 29 de noviembre próximo y el que entregue el mando a su legítimo sucesor.
Hay sin embargo todavía la posibilidad, aunque remota, de que todos quienes añoran los tiempos cuando eran los fusiles y no los votos los que dirimían las controversias políticas hagan algo para impedir, antes del jueves próximo, que los pactos promovidos por la OEA lleguen a feliz término.
La ultraderecha conservadora estadounidense, en un extremo, y los seguidores de Fidel Castro y Hugo Chávez, en el otro, recurrirán sin duda durante las próximas horas a todos los medios que aún tienen a su alcance para evitar que lo acordado se cumpla. No es casual ni sorprendente que así sea, pues ambos extremos saben que lo peor que les puede pasar es que en Honduras se imponga la racionalidad democrática.
Felizmente, no son ellos los únicos que están muy activos. El boliviano Víctor Rico, representante oficial de la OEA para supervisar el desenlace de la crisis hondureña, ha expuesto al referirse al tema, con mucha claridad, lo inconcebible que sería que el Parlamento hondureño no ratifique, antes del próximo jueves, los términos en que fue pactado el retorno de Zelaya al gobierno. Es que por primera vez en la historia de la diplomacia mundial una causa goza de tan unánime respaldo –lo que no es un pequeño detalle-- y ni la mayor de las estupideces podría insistir en desafiarla.
Desgraciadamente, la estupidez no es precisamente lo que más ha escaseado en la historia del mundo en general y de Latinoamérica en particular. Pero también, y éste parece ser el caso, la sensatez da aún motivos para mantener viva la esperanza. Honduras es por eso, hoy por hoy, todo un símbolo de esa tan antigua pugna. Antes del jueves próximo sabremos todos cuál de esos factores es el que finalmente se impone.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)