Este día comienzan los festejos por el 199 aniversario de la gesta libertaria del 10 de Noviembre de 1810.
Gracias a que la sensatez se impuso en el último consejo consultivo del Comité Cívico Potosinista, nada podrá opacar el brillo de tan importante fecha.
Podemos festejar. Eso es algo que no se podía decir hace algunos años, cuando la proximidad de la efeméride cívica de Potosí se traducía en el eterno conflicto entre los cívicos y el Gobierno que generalmente daba paso a paros y duelos departamentales que sólo sirvieron para aguar anteriores aniversarios.
La historia era siempre la misma: el comité cívico presentaba un pliego petitorio —generalmente alimentado por los delegados radicales que son los que casi nunca faltan a los consejos consultivos— y fijaba un plazo para que el Gobierno responda. No importaba cuánto cedían los gobernantes —a veces hasta demagógicamente— porque los dirigentes que expresaban su conformidad eran calificados de “vendidos”. Por tanto, casi siempre decían que no estaban conformes así que se declaraba el paro. Más aún, a algún iluminado se le ocurrió que la mejor manera de protestar era el autoflagelo así que también se declaraba duelo departamental y se suspendían los festejos por el aniversario departamental.
Lo único que consiguió esa ridícula actitud fue que la efeméride cívica, aquella en la que deberíamos celebrar y replantear nuestro futuro, pase desapercibida en nuestra ciudad mientras los potosinos residentes en el interior del país tenían sonadas celebraciones. Los estudiantes se frustraban porque no podían desfilar y el resto del país sonreía ante la imagen de una región que intentaba hacerse escuchar infringiéndose castigos por mano propia.
Afortunadamente, eso ya parece cosa del pasado.
Hoy en día, los dirigentes cívicos tienen la suficiente lucidez como para no dejarse llevar por la actitud interesada de los radicales que saben que sólo en un río revuelto podrán pescar incautos.
Por eso es que al iniciar los festejos de nuestra efeméride no nos lamentamos de nada porque, si bien es cierto que somos pobres y nuestra pobreza se la debemos en gran parte a la desatención de los diferentes gobiernos, para nadie es desconocido que somos dignos y esa dignidad es nuestra mayor riqueza.
En nombre de esa dignidad, no sólo tenemos que cambiar nuestros métodos de lucha sino que también debemos asumir el rol histórico que tiene nuestra región y nosotros con ella.
Los hechos demuestran que Potosí fue llamada por el destino a ser la sustentadora no sólo de una nación sino de todo un continente. La plata del Cerro Rico no sólo alimentó las arcas de la corona española sino también las de otros imperios españoles merced a la piratería.
Durante la Guerra de la Independencia, los ejércitos patriotas pudieron cubrir sus gastos, fundamentalmente de alimentos y movilización, gracias a la plata potosina así que no es descabellado decir que Perú, Bolivia y Argentina le deben su libertad.
Finalmente, ya durante la República, Potosí mantuvo a Bolivia tanto con la plata, cuya era se mantuvo incluso hasta el siglo XX y luego con el estaño cuyas utilidades fueron utilizadas para construir el camino asfaltado al oriente y, por ende, se convirtió en una de los motores de su desarrollo.
Por tanto, Potosí fue el padre que procuró la alimentación para la Patria y la madre que la amamantó. Las actitudes de divisionismo que ahora asumen algunos cruceños y tarijeños no son más que muestras de la enorme ignorancia de estos respecto a la historia del país.
En este nuevo aniversario, los potosinos tenemos que aprender los errores del pasado y dejar de autoflagelarnos —el comité cívico está dando un buen paso en ese sentido— pero también debemos recordar que somos dignos y, en nombre de esa dignidad, hay que trabajar para forjar el nuevo Potosí sin la ayuda de nadie, ni del indolente Gobierno ni de nuestros ingratos hermanos.
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